En el otro lado del mundo

VIAJES

 

 

Thailandia

 Ana Manouelian

 

Viajar casi veinticinco horas y adelantarse diez a nuestro huso horario. Eso es lo que cuesta sumergirse en el otro lado del mundo. El sudeste asiático nos espera, con jornadas calurosas y lluvias espontáneas y frondosas. Pero ni el clima agobiante permite que se interrumpa este inmenso paseo. Las ganas de aventurarse en algo nuevo y tan diferente están por encima de cualquier impedimento climático. En este contexto atravesamos Tailandia que aunque es apenas una pequeña porción del sudeste asiático, nos basta para tener una visión fugaz de este inmenso mundo de ojos rasgados y verano eterno.

Bangkok, la capital, tan cosmopolita y antigua al mismo tiempo nos muestra grandes contrastes entre la Ciudad antigua y Siam Square (la zona más moderna), donde podemos recorrer la ciudad de dos formas diferentes. La primera, desde un ferry que nos deja caminando en diversas islas, parando en muelles cual delta del Tigre. Allí encontramos al Templo de Wat Pho, el más grande y antiguo de la ciudad, que posee uno de los budas recostados más grande de Asia, pasando por varios otros templos hasta ferias y puestos callejeros con múltiples propuestas. Monjes vestidos de anaranjado pasean por las calles formando parte de este paisaje plagado de colores y aromas diversos.

Distinto es el paradigma si nos encaminamos a la parte más moderna. Para eso tenemos que tomar un bus, un taxi o, en el más aventurero de los casos un tuk tuk (una especie de moto con asiento amplio y techo), que nos deje cerca del sky train: un tren veloz que nos sumerge en otro paisaje, más tecnológico, de rascacielos y urbe moderna. El código se transforma, muta a algo que lo emparenta más con occidente. El sky train, un tren moderno y veloz, se va moviendo silenciosamente entre los edificios y su sinuoso recorrido nos hace sentir que atravesamos las vértebras que conforman esta gran ciudad. Llegamos a los grandes centros comerciales y el lujo de las grandes marcas.

Pero aquí no termina el recorrido. Si queremos ir en búsqueda de un paisaje diferente nos tenemos que desplazar hacia el norte o hacia el sur. Hacia el norte podemos visitar Chiang Mai. Un pueblo que tiene varios atractivos y una división estructural marcada por un antiguo muro. Está la ciudad dentro y fuera de el. Uno de los grandes atractivos es visitar a los elefantes y al pueblo donde habita la tribu Long Neck (aquellas estéticamente conocidas por la cantidad de anillos metálicos que tienen en el cuello, de ahí el nombre, long neck-cuello largo) . Muchos turistas eligen tomar cursos de cocina thai, algo que ofrecen varios hospedajes.

Si nos dirigimos al sur de Bangkok, una de las opciones más elegidas por los turistas, es visitar las islasque aunque suene a cliché de catálogo turístico, son realmente paradisíacas. Hay Islas para todos los gustos. Para los amantes de la vida nocturna Koh Phangan es una de las predilectas, donde todos los meses en las noches de luna llena se realiza la “Full moon party”. Una visión pintoresca y luminosa de las playas como casi nunca suele verse. Más al norte esta isla tiene playas más tranquilas que las del sur. Se puede recorrer en moto, algo ofrecido en casi todas las islas por poco dinero.

Si queremos ir a una Isla más tranquila Koh Tao es una gran opción, denominada la isla de la tortuga pues tiene esa forma. Esta isla es la elegida para hacer buceo. En el agua se pueden ver vida marítima sin necesidad de sumergirse demasiado profundo. Sus playas tienen una propuesta más relajada y a mi juicio se acercan más a la imagen de un paisaje paradisíaco. Bares con hamacas paraguayas que permiten tomar un refresco a orillas del mar y roza cada tanto la arena y los vestigios de la ola que ya pasó, cabañas frente a la playa que permiten que uno despierte con el sonido de las olas del mar. Si eso no es el paraíso, no importa. Creo que estuve cerca.

 

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