LA IRREALIDAD DE LO REAL

Moonrise Kingdom”, la última película del realizador estadounidense Wes Anderson. 

Por Gustavo Eduardo Rosatto

Wes Anderson volvió a la pantalla grande con una película que se presenta totalmente fiel a su estilo. Hablamos de “Moonrise Kingdom” un film que mantiene ciertas características que son una constante en sus obras, conservando ese espíritu indie que brota de sus realizaciones.

Cualquiera que haya visto “Rushmore”, “Viaje a Darjeeling” o “The royal Tenenbaums” sabe a que se enfrenta al ver un largometraje de este director; porque sus obras irradian una originalidad que brota de la irrealidad. Las películas de Anderson no tienen componentes fantásticos ni maravillosos, pero sí personajes que actúan y entienden el mundo de una manera diferente a cualquier estereotipo realista. Es decir que logra la construcción de mundos simbólicos que se alejan instantáneamente de la convención.

Sin embargo hay algo que queda allí, inmutable entre esa aura de comedia dramática que cubre muchas de sus films, y es el sentimiento en sí mismo, esas emociones que se constituyen como las musas de todo artista y que mas allá del contexto en que estén sumergidas se entienden, se ven. Entre esas estructuras delirantes o bizarras que componen el film hay tensiones que son propias de la emoción y es allí donde se producen acercamientos con el espectador.

Moonrise Kingdom” no es la excepción y continúa perdurando ese estilo, con diálogos llenos de puntos suspensivos y de silencios, con frases que quedan flotando en la indecisión, con personajes llamativamente inmaduros y con niños que logran conceptos de una inteligencia superior a la demostrada por sus mayores. Se mantiene también una estética naif con colores suaves y con actuaciones forzadamente opacas. Algo que caracteriza a Anderson es la búsqueda de grandes actores para encarnar sus historias (y que muchas veces se repiten, como en el caso de Bill Murray que aparece en seis de sus films) que desarrollan allí una faceta inexplorada en todos sus anteriores papeles, casi inexpresivos.

La historia podría ser definida de la siguiente manera: un soldado se escapa del ejército para encontrarse con su amada y comienza a ser perseguido por distintas fuerzas que buscan reprenderlo. No obstante, y siendo Anderson el director, en realidad en el film ese soldado es un niño de 12 años llamado Sam (interpretado por Jared Gilman) que escapa de los boy scout para encontrarse con su novia Suzy (Kara Hayward) y que entonces comienzan a ser buscados por el capitán Sharp (Bruce Willis), Sheriff del pueblo, por su líder explorador Randy Ward (Edward Norton) y por los padres de la chica (interpretados por Bill Murray y Frances McDormand). Casi todo ese pueblo de Nueva Inglaterra vive el suceso como una epopeya y vuelca en el sus propias ilusiones, ideales y sueños. En ese marco los adultos hastiados de sus vidas se imaginan como sería escaparse y disfrutar de la libertad tal cual lo hicieron esos chicos.

Una película con un humor muy particular, con algunos tintes románticos y dramáticos. Por momentos se vuelve un tanto tediosa y lenta, pero seguramente no decepcionará a los fanáticos acérrimos de este director que confirma otra vez que posee una visión completamente distinta a cualquier otro. Donde la irrealidad y la realidad se funden en una poética que va mas allá de estilos.

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