“Es la novela la que me lleva a mí”

Por Ania Hadjian

El escritor argentino Sergio Bizzio charló con Revista Poison acerca de su última novela Borgestein, editada por Mondadori, la película “Bomba” que dirigió y se estrenará a comienzos del 2013 y los procesos de escritura que lo han convertido en uno de los autores más singulares de Argentina

Si hay un autor argentino que ha generado una obra literaria diversa, guiones televisivos y cinematográficos, cuentos y poesía, y aún así, se mantiene al escape de las convenciones de cada género y a los lugares comunes de la literatura, ese es sin dudas Sergio Bizzio.

Sus relatos pueden tratar sobre extraterrestres  (Planet, 1998), intentar un cruce entre la ciencia ficción y la historia argentina (En esa época , 2001), seguir la vida en el encierro de un obrero que se esconde en la casa de los patrones de su amante ( Rabia , 2005), contar la iniciación sexual de un hermafrodita y una historia protagonizada por pollos peleadores ( Chicos , 2006) o explorar las distintas caras del miedo ( Era el cielo, 2007). En  poesía, ( ” Te desafío a correr como un idiota por el jardín”, 2010 ).

En Borgestein, su última novela editada por Mondadori, Bizzio relata la huida de un psiquiatra a una casa en la montaña, luego de ser apuñalado por un paciente durante un brote psicótico. También, busca refugio de su matrimonio con Julia, una actriz famosa; el trabajo nocturno de ella la obliga a dormir de día, por lo que hace años que Enzo, el protagonista, sólo la ve mientra duerme y se comunica con ella a través de notas o por teléfono.  A partir de allí, una serie de sucesos y personajes dispararán el relato que a partir de desvíos, sucesos mínimos y los sutiles toques de humor tan bizzianos, convergerán en un relato fresco, llevadero y más concentrado en contarse a sí mismo con la suavidad de lo que fluye naturalmente que en impresionar por su “grandeza literaria”.

Pareciera que, en el caso de Borgestein como en otras de tus novelas, los personajes son retratados en su acorralamiento o encierro, a partir del momento exacto en el que han perdido el timón de sus vidas. ¿Es así?

-Vos hablás del momento en que han perdido el timón de sus vidas y yo me pregunto si no es a partir del momento en que lo empiezan a llevar, o cuando deciden cambiar de rumbo. De hecho, Enzo, el protagonista de “Borgestein”, reconstruye su vida a partir de un cambio de timón, por seguir con tu metáfora. “Borgestein” no hace más que relatar el paso de un género de vida a otro. En la novela hay una cita de “Ecce Homo”, de Nietzche, una pregunta que Nietzhe se hace después de exponer el detalle de sus gustos y de sus hábitos: “Me preguntarán por qué he contado estas cosas menores y, según la opinion corriente, insignificantes…”. El protagonista de “Borgestein” repite la pregunta de Nieztche. Mi respuesta es la novela. La respuesta de Barthes es que todas esas cosas menores (alimentación, lugar, clima, recreación) son infinitamente más importantes que todo lo que se ha tenido por importante hasta ahora. En ese sentido, “Borgestein” es la historia de una reeducación, con el propósito de concebir sutilmente la propia vida.

 Según confesaste, te dedicaste a leer varios autores japoneses en los últimos tiempos. ¿ Notas que eso influenció la escritura de Borgestein?

Por placer, por gusto, leí y releí durante meses a una serie de autores japoneses que siempre me gustaron mucho: Tanizaki, Mishima, Kawabata, principalmente. Así que supongo que algo debió quedar, en la medida en que uno es producto de sus lecturas. Ahora ¿qué hay en “Borgestein” de lo que llamamos “literatura japonesa”? No lo sé. Vos dirás.

Enzo, el protagonista, relata en un momento que su propia vida se ha convertido en una vida llena de pequeños acontecimientos, de cabos sueltos, así como los desvíos que toman en un momento tus novelas. Sin embargo, dentro de esos desvíos, en tu narrativa en general que no hay lugar a los cabos sueltos, a las piezas fuera de lugar. ¿Cómo es el proceso general de escritura ?

Escribí “Borgestein” muy despacio, a razón de media página por día, quizá una, no más. No tengo la suerte de saber adónde voy, por lo menos al principio. Me dejo llevar. Y en determinado momento las cosas empiezan a ordenarse solas, y es la novela la que me lleva a mí. No hay nada más placentero y divertido que eso.

Es divertida la autocita poética en el libro, al margen del poema adjudicado a Borgestein. ¿Que lugar tiene hoy la poesía en tu trabajo,  teniendo en cuenta tus inicios muy vinculados a ella?

Bueno, sigo escribiendo poesía (poesía en forma de poesía, si me permitís el chiste y la vanidad), pero menos. La poesía ocupa ahora el lugar de la pura inspiración. Lo que sí hago, y mucho, es leerla.

Tu obra está hecha de una creación prolífica, sostenida en el tiempo y sobretodo muy variada, a diferencia de tu escasa exposición pública: ¿te molesta la figura del escritor mediático?

 No, que cada cual haga lo que quiera. Mi lema es: “Dejar a los demás en paz”. Yo simplemente no elijo eso. Me aburren las presentaciones, las mesas redondas, los reportajes públicos, los congresos, las charlas de festival… No le encuentro ninguna gracia, aparte de viajar y comer gratis y pavonearse por ahí. La figura del escritor profesional.

Expusiste tus pinturas y tenes una banda de música, aparte del próximo estreno de una película. Contános un poco.

La película se llama “Bomba” y se va a estrenar a comienzos del 2013. Es la historia de un adolescente que se zambulle en el interior de un taxi en un embotellamiento y descubre que lo que ha hecho en realidad es subirse a un coche bomba. El conductor es Jorge Marrale y el pasajero es Alan Daicz. Hay participaciones de Pablo Cedrón, Andrea Garrote, Romina Gaetani y César Aira. La producción es de Lucía Puenzo. Mi hijo Blas, de 14 años, compuso y grabó la música.  Gran parte de la película transcurre en el taxi, es como una obra de teatro móvil. Filmamos en la calle, no en un estudio, y se produjeron varias situaciones desopilantes, como un día en el que de pronto nos rodearon media docena de policias motorizados en la avenida 9 de Julio y se encontraron con que el taxi estaba lleno de explosivos. No podían creer lo que veían. Para colmo en ese momento no estaba Marrale (estábamos filmando solo el taxi, desde otro auto a la distancia), que es famoso y hubiera bastado con su cara para explicarlo todo. Hubo varios momentos así, pero ahora sería muy largo de contar. En cuanto al segundo disco de Súper Siempre, se llama “Los hielos de América Latina” y apenas terminemos de masterizarlo lo vamos a subir a Internet. Es un disco mucho menos ruidoso y caótico que el anterior. Tiene cinco segundos de paz y un total de medio minuto de melodías.

Sergio Bizzio 
Mondadori
192 páginas
$ 85

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