Favio o el fetiche de lo popular

Por Lucía Agosta

Recorrer la historia del cine nacional implica en algún momento de tal marcha dispar, detenerse en la obra de Leonardo Favio. La pregunta que nos haríamos es porqué. ¿Qué tienen de especial sus películas para haber marcado un estilo y estética propios ? ¿Será el desarrollo de un imaginario claramente Kitsch? ¿O quizás su estrecha relación del cine con el movimiento político ligado al peronismo ? ¿o acaso la predilección por antihéroes y sujetos desafortunados, que tendrán siempre un destino trágico?

 

Leonardo Favio y Juan Domingo Perón.

Favio supo dejar una marca en el cine argentino a través de diversos recursos estéticos e ideológicos que fue profundizando con el pasar de los años.

Es cierto que si nos referimos a su obra, habría que señalar la presencia de dos etapas de producción muy distintas. La primera, atravesada por sus tres primeros films, “Crónica de un niño solo” (1964),  “El romance de Aniceto y la Francisca” (1966) y  “El dependiente” (1969) y una segunda etapa, en donde aparecen, “Juan Moreira” (1973), “Nazareno Cruz y el lobo” (1975), “Soñar, Soñar” (1976) o “Gatica el mono” (1993).

Lo Kitsch, concepto que se asocia con la estética del mal gusto y la mezcla de elementos o la exageración,  hace su aparición en la segunda etapa de su cinematografía, a través de la utilización sobreacentuada de recursos técnicos, y de esto pueden ser ejemplo, la imagen congelada, y planos ralentados acompañados de un trasfondo musical de balada romántica, que fue además el tipo de melodía que caracterizó a Favio como cantautor y lo convirtió en un precursor del género.

Más allá del tipo de personaje y de historia que haya optado por relatar (la leyenda,  el héroe criollo) que ya viene ligado a una cultura popular, lo kitsch en su cine también busca deliberadamente o no atraer a las masas, y resultó una estética completamente innovadora y atípica para la época, que de a poco fue dejando de lado a su primer etapa en blanco y negro, de tiempos dilatados y actuaciones más bien, solemnes.

Ahora, detengámonos un momento en el film de “Nazareno Cruz y el lobo”:¿Quién puede olvidarse de la reconocida escena en que Nazareno y Griselda se encuentran por primera vez?

Toda la secuencia es una sobrecarga de recursos destinados a exagerar el amor a primera vista entre ambos personajes. La saturación de color, la cámara lenta, la repetición de imágenes, la música exagerada, la sobreimpresión del fuego sobre Griselda y Nazareno.  Toda la estética de la escena busca destacar este momento, que es, sin lugar a dudas, el punto álgido del film, ya que es el amor lo que hace que la maldición sobre Nazareno se active y se convierta en lobizón.

Además lo Kitsch redobla la apuesta en los finales trágicos que envuelven a sus personajes, como lo vemos en la última escena de Juan Moreira, en donde una voz en off acompaña su últimos pasos y una imagen congelada sobre el final enfatiza la idea de que ha muerto una leyenda.

Y ha muerto una leyenda.

Su partida el once de noviembre, halla sin lugar a dudas espacio en los intersticios amplios y su vez estrechos de lo entendido como popular, para renacer y reinventarse en un legado audiovisual claramente propio y singular .

 

 

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