Las rutas del buen vivir

Télam

La Guía Terruños 2013, un compendio con toda la información para los viajeros interesados en la ruta del vino y en la gastronomía, llegó a las librerías con una edición de 300 páginas en español y en portugués.

 

 

 

Corks

Esta sexta edición, creada por Augusto Foix -fundador de revistas gastronómicas y vitivinícolas como El Conocedor y Bacanal-, contiene datos de bodegas, restaurantes y hoteles de Argentina, Chile, Brasil, Uruguay y Perú, además de la información útil para el viajero más desprevenido como aeropuertos, alquiler de autos, museos más importantes y terminales de ómnibus.

Con el eje puesto en la actividad gastronómica y en los caminos del vino, la guía se inicia con Buenos Aires, con una minuciosa lista de más de 60 restaurantes seleccionados por barrio y cocina, además de una veintena de hoteles importantes y de tipo boutique.

Mendoza, octava y última integrante de la Red Global del Vino -una red internacional de productores con ciudades como Burdeos, Napa Valley y Florencia-, es la siguiente parada. El recorrido abarca 19 restaurantes de comida gourmet, fusión, italiana y criolla, continúa con hoteles de alta categoría para concluir con la joya de la provincia: las bodegas.

Con la historia de cada una (las más antiguas datan de finales del siglo XIX), el libro guía al viajero por las zonas de Maipú, Guaymallén, Godoy Cruz, Chacras de Coria, Luján de Cuyo, Valle de Uco y San Rafael, donde se instalaron los establecimientos más importantes del país, muchos con un pie en el mundo.

Desde las más familiares hasta los megaemprendimientos, este sumario de bodegas incluye, por ejemplo, al Museo del Vino, propiedad de Don Felipe Rutini, donde se alberga una colección de 4.500 piezas originales como carruajes, lagares, prensas, toneles y bombas, el germen de esta industria.

En esta sección están las bodegas con hotel y restaurante, una opción para pasar fines de semana y no perderse de los encantos de los vinos, el paisaje de montaña y la gastronomía especialmente pensada para maridar con las exclusivos varietales.

San Juan, la segunda provincia productora de vinos, combina un escenario lunar con un valle fértil en el medio del desierto y la Cuesta del Viento, uno de los spots de windsurf en América del Sur. El circuito Este comienza en la ruta 20, rumbo a Caucete, donde el viajero se topará con varias bodegas.

Astica, un oasis de cultivos cítricos, y San Agustín del Valle Fértil, para probar un cabrito a las brasas, son otras escalas para llegar finalmente al Valle de la Luna o Ischigualasto, el parque provincial famoso por sus extrañas formaciones rocosas.

Para La Rioja, la guía Terruños propone bodegas en Chilecito, Anillaco y Chañarmuyo, posadas con aires rústicos y hoteles de adobe. También se recomienda visitar la Quebrada de los Cóndores para avistar aves andinas, y la Reserva Laguna Brava, un tesoro poco explorado donde los colores cambian y se multiplican según la luz del día.

Salta, cuya capital es un monumento a la arquitectura colonial, ofrece paisajes de encanto, vino de altura y una gastronomía imperdible. En este racconto hay datos de vinotecas con 800 etiquetas de todo el mundo, las mejores parrillas y peñas y las estancias y bodegas de alta gama en Cafayate, para disfrutar del famoso torrontés, auténticas empanadas locales y la novedad del winespa, que combina relajación con vides.

El turismo de estancia se puede experimentar en la Patagonia, uno de los principales centros vitivinícolas, que genera un vino de particular carácter. San Patricio del Chañar en Neuquén y General Roca (Río Negro) son los lugares sibaritas de esta soñada área argentina para degustar sus bebidas únicas.

Las rutas dionisíacas de Santiago, la capital chilena, incluyen  paseos por Bellavista, una visión de la culinaria y bohemia local y poblados como Pirque o Alto Jahuel, una conexión con la tradición campesina y vitivinícola nacional.

En el Valle Elqui y Limarí los viñedos están a 20 kilómetros del mar y esta particularidad se alterna con pisqueras, platos a base de camarones de río y su fruta ilustre, la papaya. Otro valle es el de Aconcagua, donde se extiende al pie de los Andes la zona de vinos más prestigiosos de Chile, con sus variedades Syrah, Cabernet Sauvignon y Carmenère.

Casablanca y San Antonio son otras vedettes del vino donde sobresale el Sauvignon Blanc, pero también los mariscos más famosos del país. Otro apartado merecen Maipo, protagonista del enoturismo, y Cachapoal, una alternativa rural a hora y media de Santiago, para relajar con clima mediterráneo y el equilibrio de sus taninos.

De paso por Uruguay, el viajero no podrá evitar la tranquila Montevideo, una de las principales zonas de viñedos del país y un lugar para hacer cata de medio y medio, la típica bebida, mitad vino blanco seco, mitad espumante. Un paseo por las bodegas de Canelones y la oportunidad de probar chivito a lo grande hacen de estos lugares un destino único para el buen vivir.

El itinerario de Sao Paulo en Brasil es exigente y la gastronomía habla en voz alta con cocina internacional; de hecho, se albergan tres de los mejores 100 restaurantes de todo el mundo: Maní, Fasano y D.O.M. y, para los que quieren sentirse verdaderos paulistas, nada mejor que comer una típica feijoada los sábados en el Bar Veloso o en el Figueira Ruibayat.

Bento Gonçalves, en Santa Catarina, es considerada la capital nacional del vino: allí se instaló una fuerte inmigración italiana cuyas raíces se sienten en una abundante mesa. El catador podrá probar Chardonnay, Merlot y otras menos convencionales como Sangiovese, Ancellota y Touriga Nacional.

El viaje concluye en Lima, Perú, la capital gastronómica de América, donde en los mercados, restaurantes y cafés son escenarios para vivir la comida con todos los sentidos.

Valses, una copa de pisco, arte milenario y platos deliciosos son la excusa para conocer porque la llaman “la tierra de los mil sabores”.

 

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