“El lector de policiales busca buena literatura”

Por Bruno Reichert

Javier Sinay fue colaborador de Clarín y la Revista Rolling Stone y actualmente dirige el sitio ElIdentikit.com, en el que distintos periodistas escriben sobre cultura usando a los casos policiales como vía de acceso. En 2010 su libro “Sangre Joven: matar y morir antes de la adultez”, ganó el premio Rodolfo Walsh en La Semana Negra de Gijón, España.

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Desde la visión de un periodista joven que supo convertirse en escritor, cuenta como se relata la realidad a partir de la tragedia.

¿Qué elemento ve en una historia criminal que lo convencen de que hay algo fuera de lo ordinario ahí?

Hay casos que uno los cubre porque te toca pero en general se trata de encontrar una serie de elementos que hagan rica la historia en cuanto a sus personajes y a los elementos dramáticos que puede llegar a tener. Si lográs esa conjugación tenés algo interesante para contar.

Escribió un libro sobre crímenes que involucran adolescentes ¿Cómo se rompe la barrera para lograr hablar con una persona involucrada o afectada en un crimen que lo pudo haber marcado de por vida?

Es difícil porque en general no quieren hacerlo pero uno debe intentar hacerlo desde la sinceridad y el entendimiento. Deben saber que estás ahí para escuchar y no para juzgar. Algunos se abren más fácil y otros es muy difícil incluso contactarlos. Fue el caso de “La Pimpollo” – la protagonista del triangulo amoroso que desato el crimen del Teatro de Colegiales en 2003 y relata en su libro- que tuve que rastrear durante mucho tiempo y después convencerla. Ella me llamaba desde un teléfono que decía “número desconocido” y cuando logré reunirme con ella fue un solo encuentro y después no la volví a ver más.

Hay historias, como podría ser el caso del crimen del Teatro de Colegiales, parecen causados por una eventualidad que termina siendo fatal ¿Qué conclusión saca de esos desenlaces?

Hay un grado de suerte que sin duda está presente en todos esos casos.  Como en el caso del Teatro, son historias que nos podrían haber pasado a cualquiera de nosotros, la diferencia radica en que aunque hayamos estados involucrados en una pelea, tuvimos la suerte de que no hubo alguien que sacó un cuchillo. Son chicos normales que en algún momento terminan teniendo esos desenlaces. Hay peritajes y versiones distintas de qué pudo ocurrir en sus cabezas y, de hecho, algo ocurre pero qué, es algo que jamás se puede llegar a saber realmente.

La crónica policial está asociada a plumas maestras: desde Capote, Chandler hasta Osvaldo Soriano escribiendo sobre Robledo Puch, en La Opinión ¿Qué tan obligado hace sentir esto a un cronista a novelar o ficcionalizar las historias reales?

No creo que se sienta como una obligación sino que por el contrario puede ser como un envión. Son tipos que vieron algo en las historias que vos elegís contar.

¿Y esos antecedentes han vuelto al lector de policiales más exigentes?

Sin duda. Porque cuando van a leer una crónica policial, están buscando buena literatura y eso te desafía.

Cuando le preguntan sobre referentes en la escritura, suele nombrar autores argentinos ¿Por qué ese recorte?

La cercanía de lo que cuentan los autores de acá. Me gustan las historias relatadas en un código que me es familiar y que incluyan lugares o personajes que puedo conocer e incluso frecuentar.

Ahora la atención está puesta en Coronel Suárez y, en su momento, escribió sobre la masacre de Carmen de Patagones ¿cómo es cubrir una historia en esas pequeñas localidades signadas por ese tipo de hechos?

Cuando ocurre algo así en lugares del interior es como que a la ciudad le queda una herida que le duele a todos. Parece extraño pero tu tarea es bastante más difícil porque todos se sienten involucrados y muy pocos quieren hablar. A veces es más fácil conseguir un testimonio en un barrio de Capital. Tiene que ver con la pérdida del anonimato que se produce en esos lugares.

Pero en General Villegas parece que los vecinos terminaron siendo coprotagonistas de la historia cuando se manifestaron en apoyo de tres abusadores de una menor.

Es algo que me hace acordar a las novelas de Manuel Puig. Donde General Villegas era General Vallejos. Son lugares donde todos se conocen y se es a partir de la mirada del otro. Con la diferencia que en este caso se llevó a un extremo impensado.

Foto Leo Liberman

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