Instinto puro : la joyería de Rodrigo Otazu

Por Daniela Férnandez

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¿Qué relación se puede encontrar entre San Luis, chapitas de Coca Cola y Lady Gaga? La respuesta se resume en un nombre: Rodrigo Otazu.

Hay personas que por sus sueños, deseos y metas profesionales pareciera que les tocó nacer en el lugar equivocado. Dueños de una mirada distinta, mente abierta y deseos que van más allá del círculo que los rodean, algunos tratan de cumplir sus sueños dentro de su país, otros se adaptan profesionalmente en otro ámbito dentro del lugar que les tocó y unos pocos más aventureros deciden salir al mundo a descubrir si es posible cumplir sus sueños.

Rodrigo Otazu es un diseñador de 43 años nacido en San Luis, Argentina que se define como “workaholic” . Comenzó su carrera “desde abajo” vendiendo collares en Europa hechos con chapitas de Coca Cola y actualmente es un reconocido diseñador de joyas, dueño de una marca propia y un glamoroso local en Nueva York e incluso llegó a trabajar diseñando joyas para indiscutibles íconos de moda como Lady Gaga, Madonna y Sarah Jessica Parker.

En sus comienzos, Otazu escribió una carta a la famosa compañía de cristales Swarovski relatando su particular historia y envió fotos de sus colecciones elaboradas con chapitas. Maia Swarovski respondió la carta junto con una caja de cristales, con los cuales el diseñador armó su primera colección. Actualmente cuenta con un taller de 500 empleados trabajando en sus proyectos, con oficinas centrales en Nueva York y Amsterdam y sus diseños se venden en Holanda, Bélgica, Francia, Japón, Australia, Indonesia, México, Brasil y Canadá.

El camino de su carrera no fue fácil y llegar a la cima implico dejar atrás su lugar de nacimiento a temprana edad. A los 18 años abandonó la provincia argentina San Luis para aterrizar en España. En Argentina había trabajado brevemente como modelo de ropa Calvin Klein y vendedor en un local de ropa masculino ubicado en Callao y Santa Fe. Allí comenzó a vender a los turistas juegos didácticos que fabricaba él mismo, pero no fue suficiente y optó por collares y pulseras hechos con chapitas de Coca Cola. La idea tuvo éxito y con el dinero que ganaba decidió viajar a otros destinos para experimentar otros estilos y, especialmente, otro tipo de compradores. Legué a Australia en 1989 y quise mejorar. Compré perlas de plástico e hice mi primer collar formal. En el mercado de Padington, donde van los más vanguardistas una editora de Vogue vio lo que hacía, me invitó a la editorial y me hizo una nota. Hasta ese momento nadie me había dicho: ¡Guau!, lo que vos hacés es bueno… Entonces, como nunca, me concentré en el diseño y seguí haciendo bijouterie, vendía a negocios. La línea se llamaba Lola, como mi abuela. Soy autodidacta”, cuenta a el diario La Nación.

 

Luego de Australia, viajó a Amsterdam donde vivió la mayor parte de su vida. Allí obtuvo un trabajo para inflar globos para eventos y alquiló un departamento en los suburbios. Se ofreció ad honorem en una agencia de modelos y consiguió vivir gratis en un hospital abandonado que remodeló pintando paredes dando un toque más moderno para utilizarlo como lugar de trabajo. Otazu no se rendía y llamaba a Londres y a Paris y pedía citas con diseñadores con Lacroix, Ungaro y Gaultier.

¿Cómo conoce a Britney, Madonna y Lady Gaga? La madre Britney Spears se encontraba de visita por Holanda y decidió comprar uno de los collares que fabricaba Rodrigo. Poco tiempo después, los asistentes de la cantante estadounidense solicitaron una reunión con el diseñador. En la misma, tanto Britney como Otazu vistieron de casualidad una remera con el mismo logo arqueológico. Finalmente trabajaron juntos y en la presentación de los MTV 2001 donde Britney canta la canción “I am Slave for you” con una boa colgando en su cuello, las joyas que cubren su traje tienen el sello Otazu. Más tarde, llegó la artista que él define no solamente como su favorita, sino también como la más exigente de todas: Madonna. En el año 2001, Otazu diseño las joyas que la reina del pop utilizaría en su gira Drowned World Tour. A Lady Gaga la conoció en una fiesta y le envió una caja de joyas para que eligiera uno de sus diseños antes de la entrega de los premios MTV Awards. Lady Gaga se quedó encantada con los diseños del argentino y ha solicitado su trabajo en varios eventos, entre ellos las joyas que acompañaban el polémico vestido de carne que la cantante utilizó en los premios MTV Video Music Awards 2010 y giras internacionales como Mother Monster.

Uno de sus mayores éxitos, el cual tuvo repercusión en todo el mundo fue ser contratado para diseñar las joyas de los personajes de Sex and the City en la segunda parte de la versión cinematográfica de la serie. Por ejemplo, el brazalete amarillo, verde y violeta y un collar tipo banana amarillo con perlas que usa Sarah Jessica Parker. Otazu considera que esta experiencia fue un golpe de suerte y se llevó a cabo por haber estado en el lugar exacto con la gente correcta. Además , los diseños se encuentran a la venta para cualquier mujer con recursos que desee utilizar las mismas joyas que aparecen en la película.

Actualmente, se encuentra viviendo en Nueva York y expresa que su sueño es que su madre vaya a vivir con él. Dentro de sus últimos trabajos, se encuentra el comercial para Dutch TV sobre los diseños de Otazu, el cual se puede ver en su web oficial. El comercial es muy interesante, predomina la femineidad, el brillo de las joyas y la sensualidad, refleja la esencia de sus diseños. Según el propio diseñador, una mujer usa brillos cuando está satisfecha consigo misma, lucha por lo que es y quiere ser. Lo que se propone, lo logra. No es la joya la que lleva a la mujer, sino la mujer la que lleva la joya, la que la define. Hay que usarlas con personalidad.

 En el sitio web oficial de Otazu se puede encontrar una descripción acerca de las características de sus diseños: “Rodrigo Otazu designs by pure intinct and straight from the hearth”. Cuando le preguntaron en una entrevista del diario La Nación cuál es la esencia principal de sus trabajos, él respondió: “ El amor. El amor de ser distinto, el amor de ser una persona de bien, de querer resaltar, de ser individual. Creo que el amor es un ingrediente básico en mi trabajo”.

 

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