Vigilar y rescatar

Texto y fotos: A.H.

“Frente a la fuerza irresistible de las aguas surge el valor inmenso del hombre con su ciencia, técnica y arrojo.”

Fragmento del juramento hipocrático de los guardavidas.

DSC09514Partido de la Costa: esa porción de franja costera que comienza en la Bahía Samborombón y culmina en Pinamar, donde la creciente edificación y el natural avance marino han perdonado aún una franja lastimosa de playa, allí donde todos los veranos, día a día se recibe a miles de turistas que huyen de la agobiante perspectiva de un verano en la ciudad.

Mientras floto en el agua sobre mi tabla aguardando la ola oportuna que valide mi espera en aguas de temperaturas no del todo benévolas, noto la intromisión repentina de un guardavidas a la zona en la cual me encuentro junto a otras personas, haciendo señas y ademanes a uno de ellos, que desprevenido de su situación y de su posible desenlace, no logra hacer pie para volver a la orilla. “Bastante abúlico, como para estar debatiéndose entre la vida y la muerte”, pienso. Y pienso, también, mientras me mecen las corrientes, en el heroísmo cotidiano y naturalizado, ( al punto de tornarse invisible ) como una postal costumbrista de verano, que reúne en un mismo cuadro un pálido trasero bronceándose al sol, baldes, alguna pareja aburrida, grupos de adolescentes hambrientos de vida, familias y sombrillas, con estos personajes de playa, de eterno dorado y cabellera desteñida,  cuya profesión está tan rodeada de cliché como de desapego y entrega.

DSC09508

Al son de un imitador de Ricardo Arjona, observo ( si uno los busca, están ) ya en tierra firme dos puestos desde donde los guardavidas, atentos al horizonte y entre mates y visitas de familiares, cuidan que las vacaciones no culminen en tragedia. Entre ellos conviven jóvenes rescatistas que han comenzado hace poco tiempo a ganar experiencia en salvar vidas, junto a otros de mayor aplomo y trayectoria. Por supuesto, todos están hermanados por el estereotipo al cual contribuyen mediante hábitos y apariencia y así el imaginario popular de estas figuras se sostiene a través de verano a verano.

DSC09520

Esteban, mi animado y fibroso entrevistado me cuenta que los rescates han disminuido drásticamente del verano anterior a hoy y que la gente suele respetar las indicaciones preventivas, silbatazos y banderas que intentan disciplinar la licencia de los veraneantes, frente a un caprichoso y siempre traicionero océano. Cuenta, también que toda su vida nadó. Nadó mucho y bien, y que pensó que acaso el curso de guardavidas le iba a resultar un asunto fácil. Así fue de sencillo y así es que culminó los estudios y se vino a la playa, y desde hace unos cuatro años fija la vista en el horizonte para vigilar y rescatar.

Por su parte, el “Polaco” vigila desde otro puesto,  distante a unos cuantos balnearios. El junto a su mujer, Flavia Vilar también de guardavidas, cuenta que “prácticamente el puesto es familiar”: Simón y Valentín sus dos hijos juegan alrededor nuestro mientras conversamos, sin que deje cada tanto de posar su vista en el horizonte. Ya ha caído el sol y Flavia sale del agua con el kayak quejándose de un ataque de aguas vivas. Mientras el ” Polaco” me cuenta la interna sindical que se esconde en el rubro y cuanto ha luchado él para ganar derechos laborales y equipamiento necesario para un salvataje eficaz y seguro. Es 2013 y el handy que lleva en la mano, ostenta su primer verano. La mitad del alquiler la abonaron entre todos mientras que el restante se cubrió a través de auspiciantes; la municipalidad sólo proveyó de salvavidas y banderines indicadores del estado del mar.

DSC09525

El “Polaco ” es en realidad Eduardo Bodnar, ya un rescatista de trayectoria y conocido en el ambiente, y quien me cuenta que en sus inicios casi ni existían piletas de natación climatizadas donde entrenar; hallar una era un milagro. Sus acercamientos al agua, por entonces, se venían dando durante los veranos, en alguna colonia de vacaciones o piscina de barrio. Durante una de esas tardes, un viejo guardavidas venía observando el comportamiento del adolescente ” Polaco” en el agua, , aún inexperto y carente de cualquier tipo de técnica. Tras recibir el consejo de hacer el curso de salvataje ( ” Pibe, vos nadas fuerte. Andá a aprender”. ) y paralelamente decepcionado del encierro que implicaba la carrera de Arquitectura que en poco tiempo abandonaría, el “Polaco “se anotó.

Por entonces, el ingreso a la carrera de guardavidas no era tan exigente como lo es en estos días, y es así que el “Polaco” se topó con compañeros mucho más experimentados que dominaban la técnica del nado y la velocidad. Junto al esfuerzo propio y el de sus compañeros y profesores salió adelante y en el presente se dedica, amén de salvar vidas a la no menos sacrificada tarea de educar a través de la enseñanza ( es profesor de educación física y de la carrera de guardavidas ) y la publicación de artículos, manuales y un libro que me obsequia, bajo el título de ” Guardavidas: mitos y realidades” un manual informativo sobre el salvamento acuático y que tengo en mis manos en este momento. Mientras me prometo su pronta lectura, el “Polaco ” interrumpe intempestivamente la conversación, toma la rosca de rescate y acude dejando una línea veloz de trote tras de sí. La perspectiva de una muerte por ahogo respeta siempre la feroz inminencia, pero tras el esfuerzo mancomunado, imperfecto como cualquier quehacer humano pero siempre heroico y anónimo, se repele la tragedia a un ritmo cotidiano de entrega, pero sobre todo y más que cualquier cosa, a la medida del amor por el otro.

Advertisements