Naief Yehya: “el porno es el género fuera de los géneros”

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Por Ania Hadjian

De raíces árabes, nacionalidad mexicana y residencia en Brooklyn, Nueva York, este prestigioso escritor y periodista charló en exclusiva con Revista Poison acerca de la publicación de su último libro titulado Pornografía, obsesión sexual y tecnológica, un amplio ensayo  (Tusquets, 2012 ) en el cual aborda el estudio del fenómeno desde sus orígenes históricos y su vínculo ( potenciado por la revolución de las tecnologías digitales) cada vez más estrecho con la cultura contemporánea.

¿ Que sería la “pornificación” de la cultura contemporánea ?

 La pornificación de la cultura es el fenómeno que sucede cuando la estética, la moda, los valores y la sintaxis visual de la pornografía hardcore comienzan a permear todos los niveles de la cultura. Es lo que pasa cuando el “look” de estrella de porno, desde vestimenta hasta implantes y actitud hacia el sexo deja de ser estigmatizado y marginal para convertirse en deseable y “mainstream”. La pornificación es una condición esquizofrénica que por un lado hace alarde de apertura y desparpajo pero por otro sigue censurando las imágenes sexuales explícitas. El término tiene una connotación intrínsecamente negativa y en general al usarlo se percibe como una contaminación cultural.

¿ Como se explica la bidimensionalidad del fenónemo, teniendo en cuenta que aún en la actualidad se consume en secreto pero por otro lado su uso se ha generalizado gracias al avance de la digitalidad y de las redes sociales, que permite su producción casera donde seres comunes, lejanos a la estética cliché del porno comparten su intimidad ?

 La pornografía es bidimensional en varios dominios, por un lado es el terreno de la irrealidad sexual y por otro es el documental realista de la plomería genital, por un lado es una expresión de libertad y por otro es una forma de perpetuar viejos prejuicios, es históricamente el género de la igualdad e incluso de la supremacía femenina y a la vez puede ser un manifiesto antifemenino. Así, hoy se consume y se usa en secreto, pero a la vez se habla de ella constantemente en todos los medios, es una auténtica epidemia en internet pero es imposible ver una sola imagen hardcore en la televisión. Nunca antes tanta gente vio tanta ni tan diversa pornografía. Así hoy el individuo común puede convertirse en un pequeño libertino al estilo de Sade y poner en escena sus fantasías más extremas frente a su webcam sin más interés que su propio fetichismo.

Más allá de la democratización de su uso y producción, que asimismo, a lo largo de su historia ha incluido a grupos de sexualidad diversa ¿ podría considerarse que aún hoy en día la pornografía debe mantenerse en la esfera de lo profano, de lo impuro, dada la necesidad de cada sociedad de construir y mantener la moral y lo sacro a raya de lo censurable, de lo condenable?

 El problema esencial de lo pornográfico es que para ser pornográfico requiere de ser transgresor. Una vez que un producto pornográfico se vuelve redimible y aceptable comienza a perder su potencial excitante y perturbador. La porno es el género fuera de los géneros y debe de ser así ya que al no serlo algo más vendrá a reemplazarla en el espectro de la transgresión. La porno representa lo prohibido, es por tanto un sinónimo de censura.

 Si aún cree, tal cual sostuvo en una ocasión que “la red irá perdiendo espacios de libertad para convertirse en un megacentro comercial y que sólo unos pocos cibernautas aventureros explotaran los márgenes salvajes de internet” : ¿ Cuáles serían, a su juicio esos márgenes o esas posibilidades de transgredir desde la virtualidad ?

 Sí, aún pienso que el ciberespacio está siendo colonizado y convertido en un tiradero comercial deleznable, afortunadamente el proceso tardará, pero basta ver como los sitios más poderosos y populares del mundo, como son las redes sociales, controlan su contenido y se sitúan en cierta forma fuera del WWW, al establecer sus propias reglas de tráfico y valor.

En última instancia ¿puede la pornografía enseñarnos acerca del amor ?

No, solamente acerca de eso que llamamos amor carnal. La pornografía per se no tiene nada que ver con las ideas de amor romántico ni con sus valores.

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