Buscando la luz en la oscuridad

Por Gustavo Eduardo Rosatto

“La alegría de Copérnico”  se estrenó en Teatro el Popular, todos los viernes a las 21hs. Una obra que abarca la duda, el sentimiento y  la soledad que se ubica más allá del fin.

Laalegriadecopernico

 “La esperanza, no obstante sus engaños, nos sirve al menos para llevarnos al fin de la existencia por un camino agradable”    

François de la Rochefoucauld

 “La Alegría de Copérnico”  estrenó sus funciones bajo la dirección de Umbra Colombo y la supervisión artística, de nada más ni menos, que Norman Briski. La obra nos muestra un futuro post-apocalíptico donde el mundo inundado de basura parece ya determinado a su pronta extinción. En ése ámbito un hombre sobrevive, con la esperanza de que todo vuelva a comenzar. Un hombre cargado de ilusiones, que subsiste gracias a sus recuerdos, pensando una y mil maneras para que ese fin nunca llegue. Su nombre Copérnico (Federico Ibarra), el simbolismo de un personaje buscando un cambio, redención.

La soledad busca adormecerlo, apagar para siempre esa llama que brilla inmaculada en su alma, pero choca contra esa esperanza que parece en él imbatible, una alegría innata que no lo deja rendirse. Un sentimiento tan real que incluso se corporiza como una persona con quien compartir, es así como Copérnico y su Alegría (interpretada por Coral Cabaglio) conviven, ensayan, discuten y piensan como convivir en esa inmensa nada.

Copérnico cree tener el invento que los librará, la solución que los salve a ellos y al mundo. Sin embargo las dudas los rodean, los invaden, generando interrogantes que se insertan en la esencia misma de la humanidad, transformando poco a poco la alegría en paradoja.

Hay un excelente trabajo en la dramaturgia de Federico Ibarra construyendo este mundo después del mundo. Un mundo donde la moral y los valores dejan de tener sentido ya que las estructuras erigidas a lo largo del tiempo por la humanidad han dejado de existir. Un mundo donde los conceptos se fueron desfigurando con el tiempo, perdiendo sus significados. Un futuro donde sólo existe un hombre; desfragmentándose para ser muchos, para  poder creer. Los diálogos a lo largo de la obra son también muy interesantes, con la inteligencia de dejar espacios que el espectador deba llenar, aunque abusando un poco de las frases abiertas. Señalando también el acierto de incluir en ese marco pequeñas dosis de humor, fundamentalmente en el personaje de Alegría.

Las actuaciones logran una gran performance, con mucho sentimiento y además con una gran capacidad corporal. Tanto Coral Gabaglio como Federico Ibarra asumen el rol de protagonistas y lo llevan adelante con gran clase. Hay un muy buen trabajo de dirección que logra combinar todos los elementos con eficacia, generando además un gran manejo del movimiento dentro de la escena.

La escenografía logra destacarse, dándole vida a ese lugar plagado de escombros y basura en que se ha convertido la Tierra. Agregando además elementos que con una gran carga simbólica amplían y acompañan el contenido de la obra. El diseño de luces (de Javier Rincón), muy asociado a la evocación de la esperanza genera un foco en el centro de la escena, donde se centra el movimiento de los personajes, justamente porque nada más importa, porque nada más existe que ese hombre añorando la revolución. Porque aún en la más inmensa oscuridad la esperanza lleva al hombre a buscar la luz.

 

“La Alegría de Copérnico”

Viernes 21hs

Teatro “El Popular” (Chile 2080)

Reservas al 2051-8438

Localidades 60$

 

Ficha Técnica – Artística

Dirección – Umbra Colombo

Dramaturgia – Federico Ibarra

Actúan – Coral Cabaglio

                   Federico Ibarra

Supervisión Artística – Norman Briski

Escenografía –  Colombo/Cabaglio/Ibarra

Asistentes de escena – Rita Miranda

                                        Jimena López

Diseño Luces – Javier Rincón

Vestuario – Colombo/Cabaglio/Ibarra

Sonido – Maxi Burgos

Operador de Luces – Daniel Aimi

Producción – Pili Ortiz

                                 Jimena Veiga

Diseño Gráfico – Guadalupe Lobo

Fotografía – Paula Maniglia

 

 

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