La no naturaleza de las cosas

Flora Blanco Esmoris

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Desde los griegos el valor como cualidad fue tema de debates en el Ágora, entorno a “lo bello”, “lo bueno”, “lo justo”. Sin embargo la vara que mide el valor en nuestros días se volvió tan heterogénea y con tantas tonalidades como criterios que es difícil rastrear su origen (si es que se puede hablar en estos términos) o naturaleza. Obras de arte, tecnología, indumentaria, los cuerpos, relaciones sociales, entre otras cosas, son atravesadas por el valor pues, traspasa a todo aquello que construimos y, a su vez, nos construye.

Pero, ¿qué lo funda?, ¿dónde se jerarquiza? y ¿qué le imprime su marca?. ¿Circuitos de circulación?, ¿la compra-venta?, ¿la cadena productiva?, ¿la mano de obra?, sin lugar a dudas hidratan de valor a las cosas y servicios, no obstante el dilema aparece cuando se los compara. Pues sí, señoras y señores, por ejemplo: cuándo un objeto de moda cuesta más que ciertas preferencias educativas; cuándo ciertos trabajos, que no exigen más que algunas cualidades físicas, son mejores que aquellos que requieren algún estudio. Un caso muy reciente es el valor de las monedas argentinas. Hace pocos meses tenían un valor diferencial por su escasez  y por su imprescindibilidad para el transporte público.

El sentido de plantear esto, no tiene como objeto repensar en el valor que tiene cada objeto, sino, poner al descubierto lógicas de construcción del valor que basadas en el prestigio, el conocimiento, la belleza, los contactos, u otras características, tiñen al universo del valor en el cuál nos movemos. Tener en cuenta cómo la necesidad da valor también resulta interesante para reflexionar sobre lo siguiente ¿de qué manera la necesidad imprime su huella en los objetos y las personas? y más aún en nuestros días donde la necesidad se volvió casi el objeto del brainstorming de muchos equipos de publicidad o marketing, crear necesidad como alimento del valor. Entonces, se incorpora el último eslabón a esta cadena, el dilema de la imprescindibilidad, de lo que podemos y no prescindir. La inmediatez, el cambio y la permeabilidad con la que las personas emiten y reciben mensajes hoy en día va dinamizando todo este proceso.

En suma, valor- necesidad-imprescindibilidad dan forma al valor, imprimen sus propios juicios, casi como si la persona haya dejado su lugar y la cosa misma se haya llenado de sentido. Pero sin sujetos no hay sentido posible, en tanto sujetos culturales cargamos, modificamos y también nos cargan y nos modifican pero, no por eso no hay que dejar de complejizar lo simple. Como diría Jean-Baptiste Poquelin Molière: “Las cosas no valen sino lo que se las hace valer”.

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