La otra ciudad

Johana Dominguez

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Muchas veces pasamos por un mismo lugar sin prestar atención a sus detalles hasta que, en alguna ocasión, al levantar la vista, descubrimos nuevas perspectivas, colores, formas y hasta alturas que nunca pensamos estarían allí.

De la misma manera, habitamos la ciudad la mayor parte de la semana y por mucho que recorremos las mismas calles, habituamos los mismos negocios, paramos en las mismas esquinas y, hasta a veces, nos cruzamos a la misma gente, podemos llegar a descubrir que hay una especie de ciudad paralela con la que convivimos casi sin darnos cuenta.

Esto es lo que le pasa generalmente a una persona que se hace vegana, ya que va descubriendo una nueva ciudad, llena de “recovecos” donde puede encontrar todo lo que necesita. Para el lector desprevenido, el veganismo es un estilo de vida que deja de lado el consumo de cualquier producto de origen animal (carne, lácteos, huevos, miel, seda, lana y cuero) para minimizar la explotación de los mismos. A su vez, un vegano se abstiene de concurrir a zoológicos, circos y cualquier otro espectáculo que incluya animales. Más allá de razones éticas, una persona vegana encuentra otros beneficios con esta práctica, ecológicas, económicas y fundamentalmente, de salud.

Además de la creciente difusión en los medios de comunicación, el veganismo va abriéndose paso entre los locales de comida rápida, los supermercados, los micro-emprendimientos, los  locales de ropa, los cosméticos y muchos productos que podemos encontrar en distintos puntos de Buenos Aires.

Uno de ellos, que constituye una suerte de “Meca” para los veganos, es el Barrio Chino de Belgrano. Allí hasta se puede encontrar un supermercado que cuenta con la primera heladera del país enteramente cargada de productos de una marca vegana local. También hay productos importados o que son distribuidos de manera limitada, como dulce de leche de soja, leche de coco en botella, lata o cartón, “leche” en polvo de arroz, alpiste o mijo, quínoa inflada, leche de soja orgánica, “queso” parmesano, infinitas salsas de soja, sustitutos del huevo para preparaciones de repostería, variedad de tofu, “salchichas”, “hamburguesas”, yogurt de soja, galletitas, snacks  e infinita cantidad de productos de dietéticas.

Para opciones gourmet, en Palermo hay varios restós enteramente naturistas que ofrecen platos variados capaces de satisfacer a los paladares de los más exigentes omnívoros. Y los precios no son exagerados.  Sin embargo, esa opción puede llegar a ser un poco intimidante para quien no sabe mucho de este mundo paralelo ya que se ofrecen opciones que incluyen ingredientes como “maca”, “espirulina”, “algarroba blanca” o “leche de almendras” entre otros, que no son incluidos en la típica dieta occidental.

Si de comida rápida se trata, lo mejor está en el centro y microcentro, porque se pueden encontrar  al menos dos lugares casi al cien por cien veganos que le brindan a la gente que dispone de poco tiempo para almorzar o desayunar, opciones variadas y ricas.  También se pueden encontrar muchísimas rotiserías vegetarianas chinas (no 100% veganas), que son muy económicas y están disponibles en casi todos los barrios porteños.

Por su parte, las redes sociales nos dan a conocer cada vez más micro-emprendimientos de comida vegana, ya sea que se especialicen en cupcakes, milanesas, tortas, muffins, choriveganos, “bifes”, sándwiches de miga y hasta catering personalizado para fiestas y distintos tipos de eventos. También se pueden encontrar calzados, ropa y delantales para cocinar, todos de origen no animal.

Además, se forman grupos cerrados o abiertos en Facebook, donde se puede intercambiar información sobre productos, nuevos lanzamientos, empresas, recetas y distintas formas de utilizar  los ingredientes.

Otra oportunidad son los productos kosher parve que consumen los miembros de la comunidad judía, ya que muchos de ellos son veganos. Hay una conocida heladería kosher parve que ofrece opciones de helados veganos a quien lo solicite.

En cuanto a la cosmética, la principal opción es una marca brasilera de venta por catálogo ya que sus ingredientes son de origen natural (excepto sus pinceles y brochas) y no realizan testeos en animales, requerimiento para utilizar cualquier producto. Muchas empresas no especifican en sus páginas web o en los envases cómo testean sus productos, así que los veganos envían mails o llaman a dichas empresas para obtener esa información.

Claro que muchos productos se pueden encontrar en los supermercados a los que recurre el grueso de la población, hay determinadas líneas de limpieza que son aptas para consumo vegano, porque se sabe que no realizan testeos en animales. Ni que hablar de alimentos como hamburguesas y milanesas de soja, algunos cereales, galletitas, chocolates, fideos, arroz, gaseosas, jugos y muchos más.

Todo depende del tipo de vegano del que se trate. Hay dos tipos de veganos, los saludables y los que no lo son tanto. Los saludables evitan los productos refinados y optan más por opciones integrales y orgánicas, por eso son más habitués de las dietéticas y las verdulerías. Aquéllos que no lo son tanto, consumen cualquier cosa que no sea de origen animal. Son dos tendencias dentro de la misma filosofía de vida. Los más avanzados, sólo consumen alimentos crudos (raw vegan). Por eso, si alguna vez levanta la vista y encuentra en el supermercado a una persona muy concentrada leyendo detenidamente el envase de un producto, lo más probable es que sea un vegano.

Y si al hacer el recorrido diario en la ciudad, presta atención a los detalles, quizás vea alguno de estos sitios “veg” que le brindan productos obtenidos de manera más ética. No se prive de conocer la otra Buenos Aires, se va a sorprender con tantas opciones al alcance de su mano.

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