Por la vereda off line

María Saccone

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Caminaba  por la Avenida Corrientes un martes de otoño cuando escuché mi nombre resonar a mis espaldas. Me di vuelta con la inercia del automatismo y pude distinguir entre la gente una sonrisa que me era familiar.

Minutos más tarde estaba tomando un humeante café y hablando con una urgencia casi infantil con Pablo; quién supo ser mi compañero de banco durante los últimos años del secundario. Habían pasado más de diez años sin saber nada el uno del otro. Y dentro de ese tiempo fue como si hubiesen pasado muchas vidas, proyectos, amores, desengaños, partidas, viajes, trabajos, logros, frustraciones. Era imposible detener la catarata de recuerdos que a la distancia se nos presentaban inocentes y absolutamente graciosos, teníamos los ojos húmedos de llorar de la risa, nos dolía la cara.

Lo que estaba pasando en ese momento presente, era una de los grandes misterios que alimentan la incertidumbre del ser: la casualidad.

Lo sentimos como un viaje en el tiempo, volvimos a tener diecisiete años por un instante; las calles de Buenos Aires nos volvían a cruzar y nosotros tomamos ese momento como un tesoro y lo vivimos con sorpresa y frescura, jugando a descifrar el entramado invisible que nos une y nos aleja de las personas y los lugares.

Volví a mi casa tratando de develar otro mensaje cifrado en el camino, en algún rostro, un número, un perfume, caminé con el instinto despierto y la sensación de sentirme cerca de un misterio, de sentirme tan vulnerable a la vida y a la ciudad y sus rincones donde se traza y se esconde nuestra historia.

Hubo algo clave en el encuentro con Pablo. Algo que los dos por separado no habíamos hecho y que ahora mágicamente nos unía, se hacía presente entre nosotros como un sueño que uno recuerda a mitad del día pero que no termina de delinear.

Ese algo especial era que ni él ni yo estábamos metidos en las redes sociales. Claro, si así hubiese sido, todos estos años hubiésemos sido “amigos” por internet, sabríamos donde vive el otro, que estudió, donde trabaja, como se ve actualmente, o mejor dicho, como quiere que los demás lo vean.

Y nuestro encuentro hubiese sido más la expectativa y el repaso de la información subida a la red que la maravillosa, fresca y siempre curiosa casualidad.

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