La Buenos Aires sin dinero

Johanna Dominguez

Sobre el fenómeno reciente de la Gratiferias en las plazas porteñas, cuyo lema no se basa en la reciprocidad del trueque, sino en uno más bien revolucionario : “Trae lo que quieras o nada. Llevate lo que quieras o nada.”

Gratiferia_mano_obtejos

En nuestra vida diaria sería impensado vivir sin dinero. “El dinero es lo que mueve al mundo” se ha escuchado decir. El dinero es el medio básico con el que medimos muchas cosas, desde nuestro salario, nuestros alimentos, nuestra vestimenta, nuestra casa, incluso mucha gente mide lo que vale una persona a partir de su poder de consumo.

Pero, realizando un breve análisis, ¿qué es realmente el dinero? Una posibilidad es definirlo a partir de las funciones que cumple, como ser depósito de valor (lo que permite transportar valor y mantener la riqueza), ser medida de valor para calcular cuánto valen los bienes y servicios y, finalmente, ser medio de cambio generalmente aceptado por la sociedad para cancelar deudas y realizar transacciones.

Sin embargo, también se puede definir al dinero como deuda. Pero, para comprender mejor este concepto, es necesario investigar cómo surgió.

En un principio, prácticamente cualquier cosa se utilizaba como dinero (desde ganado hasta sal pasando por piedras preciosas), lo importante era que fuese fácil de trasladar y lo principal era que la mayor cantidad de gente tuviera fe en que sería posible intercambiarlo por cosas que todos valoraran. Debido a esto, lo más conveniente fue recurrir a los metales, porque eran escasos y valiosos, sobre todo el oro y la plata. Con el tiempo se procedió a la acuñación de la moneda y se tenía en cuenta su peso y su pureza.

Una familia de trabajadores del oro, los Goldsmith, creó cajas fuertes para proteger y guardar su oro. Pero al ver la conveniencia y seguridad de las mismas, sus vecinos y algunas otras gentes, solicitaron un lugar para hacer lo mismo a modo de alquiler.

Eventualmente, los Goldsmith se dieron cuenta que las personas que guardaban su oro y joyas en las cajas fuertes raramente los sacaban y recuperaban físicamente y nunca lo hacían todos al mismo tiempo. Debido a que se había implementado un sistema de cheques en el que se escribía la cantidad deseada en vez de estar trasladando las monedas para cada transacción, lo cual facilitaba las operaciones.

Al tiempo que sus papeles lograban ser aceptados, los Goldsmith comenzaron a realizar préstamos de su oro (en forma de papel) con una tasa de interés. Así lograron expandir su negocio mientras que mucha más gente decidía guardar sus riquezas materiales en las cajas fuertes. También observaron que muy pocas personas las retiraban físicamente, de manera que podían escribir más cheques en función de los cheques del oro que dejaban sus depositantes en la cámara además del oro que los depositantes guardaban propiamente. Mientras que pudieran devolver el oro a los que quisieran retirarlo, nadie se daría cuenta.

Sin embargo, debido a rumores de que los Goldsmith se quedaban con el dinero de sus clientes, los depositantes fueron a chequear que su oro estuviera allí, y como, de hecho, se encontraba en sus respectivas cajas fuertes, al descubrir el nuevo sistema, pidieron un porcentaje o tasa de interés porque su propio oro estaba creando riquezas. De esta manera nació la banca.

El banquero les pagaba un pequeño porcentaje a quienes depositaban su dinero, al mismo tiempo que lo prestaba con un interés mucho mayor que cubría el costo de las operaciones y su ganancia.

Hoy en día el sistema funciona de otra manera, a partir de lo que se conoce como “dinero fraccionado” y un sistema de bancos, presente en todos los países del mundo, integrado por uno central (que es dirigente y regulador) y otros locales. El esquema del dinero fraccionado, a grandes rasgos, es el siguiente:

Si alguien realiza un depósito de $100, a partir de ese dinero el banco que lo recibe puede prestar hasta $90, o sea que estaría guardando sólo una fracción del 10% del total que se le ha depositado para tenerla como reserva. Si otro cliente justo necesita esos $90 y los toma prestados para pagarle a, por ejemplo, su empleado y éste decide, a su vez, depositar esa suma en otro banco; este último que ha recibido esos $90 como depósito estaría en condiciones de ofrecer un nuevo préstamo de hasta $81, guardando el restante 10% como reserva. Si otra persona toma prestados esos $81 y realiza un nuevo depósito en otro banco, este último, estaría habilitado para prestar $72.9… Así se establece un círculo vicioso que le permite al sistema bancario crear hasta $900 (que son deuda) a partir de sólo $100 (que es lo que realmente posee en depósito), originando un total de $1000. Si cada persona decidiera retirar su parte de esos $1000 simultáneamente, la banca no tendría cómo pagarles, ya que sólo posee $100 en reserva.

Este circuito es posible debido a que existen reglamentos aprobados por los gobiernos que habilitan a los bancos a prestar un máximo de 90% de lo que tienen en sus depósitos. Es decir que, un banco solo guarda en reserva una porción del dinero que las personas les depositan (lo que se denomina “reserva bancaria fraccional”). Por eso, como en el ejemplo anterior, a partir de una reserva de $100 el banco puede prestar $900, suma que se convierte en deuda. El dinero que ya existe ($100) es el que le da valor al dinero que se crea ($900). Cada gobierno es el encargado de fijar los límites, de manera arbitraria, a los generadores de deuda.

Los bancos pueden crear tanto dinero como nosotros pidamos prestado. El mayor porcentaje de dinero circulante ha sido creado por los bancos a través de los créditos, sólo una pequeña proporción ha sido creada por la Casa de Moneda.

A partir de lo explicado anteriormente, podemos observar que los bancos privados prestan dinero que no existe a través de los créditos, y sin que se produzca traslado alguno de metal de un lado a otro, sólo se deben ingresar datos en una computadora para la cuenta bancaria que cada uno posee y, desde ese instante, uno le empieza a deber al banco lo que nos ha prestado más los intereses que él mismo establezca. Pero como los bancos están arriesgando su dinero y nosotros nada, los bancos necesitan una garantía de que cumpliremos nuestra parte del trato de devolver el dinero en tiempo y forma. Por eso, hipotecan propiedades de los prestatarios, lo que constituye la garantía de que devolverá el dinero. Si, por cualquier motivo, no pudiéramos cumplir con nuestras obligaciones, el banco se quedaría con las propiedades en juego.

Pero entonces, ¿por qué se les otorgan créditos a personas que se sabe, no van a poder cubrirlos? ¿Cómo puede ser posible que haya gente que se muera de hambre sólo porque no posee suficientes dígitos en su cuenta bancaria? Si no hay deuda, ¿no hay dinero? Si no hay préstamos, ¿no hay dinero? Sin el documento que firma el prestatario, ¿tiene algo que prestar el banquero?

Alguien tiene que pedir prestado cada peso que tenemos en circulación en efectivo o en crédito. Si los bancos crean dinero artificial hay prosperidad, sino, nos morimos de hambre. Somos completamente dependientes de los bancos comerciales. Para poder mantener este sistema, el porcentaje de cancelaciones de deuda tiene que ser bajo de manera que, mayor cantidad de dinero-deuda deba ser creado para satisfacer la demanda para pagar la deuda previa. Así, se va generando más y más deuda, con mayores intereses que sólo enriquecen a un grupo minoritario que tiene el control de los bancos y el poder de tomar decisiones clave. Ellos nunca pierden y se enriquecen a partir de dinero creado de la nada, ya que los bancos prestan dinero que representa la riqueza producida por quienes piden los préstamos, o sea, nosotros.

Pero, ¿cómo es posible que siga funcionando este sistema? Aquí hace su aparición el famoso tópico conocido como el problema de la escasez. El mismo se basa en el hecho de que el deseo de los seres humanos por adquirir bienes es infinito mientras que los recursos disponibles no lo son. Y en un planeta finito no es posible sostener un sistema lineal. A esto se agrega la forma de producción industrializada que se utiliza y los valores instaurados tan fuertemente en la sociedad de consumo.

La principal forma en la que se mide y demuestra nuestro valor es a partir de nuestra capacidad de consumo de modo que, la identidad pasó a ser la de consumidores. Los medios de comunicación juegan un papel determinante instaurando la idea de felicidad al obtener determinados productos y servicios. Se intenta convencernos de desechar objetos que son perfectamente útiles mediante la innovación en el diseño, cambiando la apariencia de las cosas, la moda, haciéndonos creer que una persona vale menos que otras que sí utilizan los nuevos productos.

La mayoría de las cosas son diseñadas para ser descartadas, para que las tiremos y compremos otras nuevas. Los resultados están a la vista: contaminación de todo tipo, calentamiento global, pobreza, aumento de la brecha entre ricos y pobres, cosificación de la mujer y la lista sigue y sigue…

Con todo lo dicho, ¿es posible siquiera llegar a plantearnos la posibilidad de vivir sin dinero? Al menos yo, no puedo llegar a imaginar un mundo moderno en el que no exista el dinero, es algo que tenemos tan incorporado en nuestro día a día, que me resulta imposible de concebir. Es que para casi todo necesitamos dinero. Nuestra vida se ve atravesada en todas las direcciones por el vil metal. Es un concepto muy arraigado en nuestras mentes, prácticamente desde que somos muy pequeños. Quizás sea necesario un cambio de mentalidad para que los paradigmas instaurados en todos nosotros puedan evolucionar hacia otro camino. Pero, ¿hacia dónde?

¿Es que acaso hay alguna forma de escapar a este círculo siniestro? Pareciera ser que sí. Hay muchas personas que también se han planteado el problema del dinero, pero con mucha más imaginación que la de quien les escribe y han podido utilizar los efectos negativos de la sociedad de consumo y convertirla en algo útil y positivo. Se trata de un grupo de jóvenes altruistas que buscan el tan preciado y bastardeado bien común. El objetivo que tienen es el de reducir al máximo posible la dependencia al dinero, fomentar el sentido de la cooperación, minimizar el impacto ambiental negativo, disminuir el volumen de basura que generamos, en fin, lograr la liberación material. El medio ideado es el de las “Gratiferias”, ferias en las cuales no se debe pagar por lo que uno se lleve.

Pero no se trata de trueque, porque no hay sentido de reciprocidad. El revolucionario lema de las Gratiferias es “Trae lo que quieras o nada. Llevate lo que quieras o nada.” Cualquier persona puede concurrir y llevarse lo que necesite o dejar lo que ya no use, siempre y cuando se encuentre en óptimo estado (respetando otro lema gratiferiano “Si está para arreglar, no está para la Gratiferia, está para arreglar. Si está para lavar, no está para la Gratiferia, está para lavar. Si está para coser, no está para la Gratiferia, está para coser”).

En estas ferias gratuitas se puede encontrar y llevar de todo: ropa, libros, juguetes, tecnología, bienes de uso cotidiano, herramientas, arte, máquinas, cds, casettes o vinilos, muebles, alimentos (solamente veganos), picnics y todo tipo de servicios (masajes, cortes de pelo, clases, mesas informativas, talleres de todo tipo y muchos otros).

Estas ferias se organizan principalmente en las plazas porteñas pero también en cualquier punto de la ciudad, ya que cualquiera puede organizarlas, ya sea en parques, en la propia casa, en algún club del barrio o en la vereda.

Algunas Gratiferias son itinerantes, otras son permanentes y algunas otras son realizadas en el mismo lugar cada mes. Generalmente, se difunden con anticipación a través de Internet. Hay una página y un grupo en Facebook en el que no solo se anuncian los lugares y fechas de las ferias, sino que también funciona como una Gratiferia virtual ya que si alguien desea dar algo que ya no usa, lo puede anunciar y si otra persona necesita algo en particular también puede realizar el pedido por ese medio. Luego se combina una forma de entrega y se concreta el encuentro.

En resumen, podría decirse que la Gratiferia es un movimiento social-cultural-económico-político que busca romper el círculo vicioso del dinero y sus efectos negativos y desarrollar un nuevo paradigma basado en los valores de cooperación y desapego en lugar de competencia y acumulación. Es un fenómeno sociológico que ha encontrado la forma de esquivar los dictámenes de la sociedad del consumo. La Gratiferia definitivamente es parte de “la otra Buenos Aires”, la que busca sacudirse los principios imperantes del siglo xxi.

Advertisements