El pie de Loto

Ania Hadjian

Durante cerca de mil años y hasta principios del siglo XX, las mujeres chinas eran sometidas desde su más tierna infancia a métodos dolorosos de amarras destinados a impedir el crecimiento normal del pie, como signo de refinamiento y atractivo sexual.

Las formas de la belleza y el atractivo sexual hacia el sexo opuesto adquieren diversas interpretaciones avaladas por prácticas y costumbres que las amparan. La modificación de las formas físicas dadas por la naturaleza es sin dudas, el paso visible, desde el punto de vista estético en este caso, al plano de lo cultural . Si este pasaje implica el sometimiento al dolor pareciera adquirir muchísimo más valor. La tradición china del chánzú o pie de Loto es un ejemplo de aquello.

Prohibida en 1911 y considerada delito por Mao, esta práctica de muchísimas mujeres chinas buscaba mantener el pie pequeño, mediante el temprano aprisionamiento del mismo a través de vendajes buscando de este modo no superar los siete centímentros de largo. Estos pies diminutos permitirían un andar agraciado y elegante y augurarían un matrimonio próspero, pues la imposibilidad física, producto de la deformación de las extremidades impedía que esta esposa trabajase como cualquier otra mujer. Esta incapacidad para trabajar, en apariencia también aseguraría la sumisión femenina en un país de notable dominación masculina.

Sus orígenes sugieren la leyenda de una bailarina cuyos pies habían sido obligados a ser vendados por el poeta Li Yu  (937-978) durante la dinastía Tang, famoso por sus temáticas dedicadas al amor y placer, para que su forma se asemejara a la de la luna en cuarto creciente. Lo cierto es que dicha costumbre se convirtió pronto en signo de belleza y se fue expandiendo únicamente en las clases más altas y como reaseguro femenino de la exención del trabajo rural, costumbre que un tiempo más tarde se popularizaría. Este rasgo físico era una ventaja en una joven china frente a sus pares, pues indicaría pretendientes muy promisorios, suerte que no correría en el caso de las muchachas cuyos pies, de tamaño natural podrían indicar una unión pobre, o en el peor de los casos su ausencia.

El proceso de aprisionamiento comenzaba en la temprana edad de los siete años, muchas veces cinco y antes que el pie hubiese adquirido su forma definitiva. Se aprovechaba la época invernal, dado que las temperaturas frías entumecían el pie y así se minimizaba el dolor. Primero cada pie sería hundido en una mezcla caliente de hierbas y sangre animal; esto se hacía con la intención de suavizar el pie y ayudar al vendado. Luego las uñas se cortaban los más posible para prevenir que al crecer las mismas perforaran la planta del pie (ya que después del vendado la punta de los dedos quedaba apuntando a la planta) y provocaran infecciones. Las vendas de algodón de 3 metros de largo y 5 centímetros de ancho eran preparadas hundiéndolas en la misma mezcla de hierbas y sangre animal. Para permitir que el tamaño del pie se redujese los dedos de cada pie eran doblados y presionados con fuerza contra la planta del pie hasta romperse, dice Wikipedia.

Según los centimetros alcanzados se clasificaban los pies como ¨flor de loto dorado¨ el escalón más alto de la sensualidad para un hombre chino, y grados menores en pies apenas más largos, que recibían la etiqueta de ¨flor de loto plateado¨. La alta carga erótica  de estos pies jamás debía ser alterada mediante el descubrimiento del pie descalzo, pues esta evidencia actuaría como un anticlímax total: el sufrimiento atravesado no debía ser compartido con el hombre.  La alta valoración de esta práctica incluso es visible en el manual de las prácticas sexuales de la dinastía Qing, donde se describen hasta cuarenta y ocho formas de jugar con los pies vendados de una mujer. La simbología de la flor de loto para la cultura china es relevante para comprender este ritual, pues aquella simboliza la pureza, rectitud, sabiduría y belleza.

Según el Grupo de Prensa Shenzhen de China, el pueblo Beijiao, una aislada villa costera en el Pueblo Tailu de la ciudad Fuzhou, es el último pueblo de mujeres con pies vendados en Fujian y en toda China.

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