Tu desecho es mi alimento: sobre el freeganismo

Johana Dominguez

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El comentario que más resuena entre la mayor parte de la gente a la que se le consulta por los freeganos es “los que comen de la basura, ¿no?”. En verdad, es mucho más que eso.  El término freegan es la conjunción de las palabras free (libre o gratis en inglés) y vegan (vegano en inglés). El freeganismo entonces es un movimiento de  personas que no solo no consumen nada que provenga de animales sino que además se oponen a la sociedad de consumo actual.

Los freeganos tratan de vivir utilizando la menor cantidad de dinero posible. Generalmente, solo lo emplean para pagar los impuestos y el transporte público. Todo lo demás lo consiguen a través de diferentes vías, ya sea en las Gratiferias, a través de la Economía viva o por medio de la recuperación.

Esta última consiste en obtener objetos de utilidad o alimentos que han sido desechados en la calle pero que están en buenas condiciones. Dada la obsolescencia  programada de los productos del mercado y el nivel de desperdicio de alimentos que se registra en la mayor parte de los negocios (aproximadamente un tercio de los alimentos son descartados), es muy fácil llevar a cabo este estilo de vida alternativo, especialmente en las grandes ciudades. Como los freeganos son veganos, nunca se los va a encontrar buscando comida entre locales de comida rápida como en el caso de los cartoneros, sino más bien en verdulerías y supermercados. Cabe mencionar que no necesariamente buscan su comida de la basura ya que, al tener armado su circuito de recuperación, lo más común es hablar con los comerciantes y retirar lo que ya no se vende (como frutas y verduras maduras que la gente no compra o es sacada de la venta solo por cuestiones estéticas).

En cuanto al concepto de trabajo que impera en nuestra sociedad, los freeganos no lo consideran productivo, ya que al precisar de muy poco dinero para vivir, no necesitan tener un trabajo full time como la mayoría de las personas. Además, se pueden conseguir muchos servicios en las Gratiferias. De hecho, quienes han desarrollado el concepto mismo de las gratiferias en Buenos Aires son freeganos.

La Economía viva tiene que ver con una nueva concepción de dinero, al que solo se considera como “papel pintado” que representa la verdadera riqueza generada por las personas pero que es impreso por “alguien”, por lo que ese “alguien” que imprime el papel pintado es el que controla el juego capitalista. Los grandes banqueros internacionales. El sistema se sustenta por la confianza en el mismo de las partes que llevan a cabo una transacción y, a su vez, la desconfianza mutua.

Dado que los seres humanos no somos materia, más bien, somos tiempo porque no podemos dar materia, cuando a cambio de lo que queremos nos piden dinero, nos volvemos materialistas. Y esto, atenta contra nuestra propia naturaleza porque en sí necesitamos muy poca materia para vivir (comida). Y para obtener ese poquito que necesitamos para vivir, no debemos emplear mucho tiempo.

Por eso, la manera que han encontrado los freeganos de romper ese engranaje consiste en que cada uno imprima su propio dinero. Bajo el lema “¡Acuña tu propia moneda! ¡Cada persona se vuelve un/a Pro-Ser en su propio billete!” los freeganos sostienen que pueden liberarse ya que cada uno es el que emite y negocia su propia paridad cambiaria. Y así mismo se convierten en dueños de su propio tiempo.

Los billetes deben tener ciertas características, algunas de ellas son: al frente debe aparecer la foto de la persona, nombre y apellido completo, con el lema de “Acuña tu propia moneda. Economía viva”,1 hora. En el reverso se colocan todos los datos de la persona, la lista de servicios que se ofrecen, firma y huella dactilar. El formato del billete debe ser de 6.5 cm de alto por 10.5 cm de largo (para aprovechar al máximo cada hoja de impresión).

La consecuencia de la Economía viva es la emisión descentralizada ya que cada persona constituye el respaldo de su propio billete. Así, cada uno logra participar de todo el circuito económico, recuperando el control sobre el valor del propio tiempo.

De esta manera, los freeganos nos demuestran que se puede vivir minimizando el impacto ambiental y maximizando la racionalidad de nuestras elecciones. Sin embargo, si bien sostienen que ellos no viven de las sobras de los hombres sino de las obras de la naturaleza, lo cierto es que el freeganismo es un movimiento que se vale de lo que genera el mismo sistema de producción a gran escala, del consumismo masivo, de la irracionalidad de los consumidores y de los paradigmas imperantes. Por eso no podría existir de la manera en la que se manifiesta hoy sin todas las características negativas del mismo sistema, ya que las utiliza en su favor y llama la atención hacia las fallas.

Pero, ¿quiénes son los freeganos? Generalmente son jóvenes adultos que provienen de la clase media y en su mayoría, son personas muy instruidas y leídas que buscan vías alternativas de vivir. Desde luego que se oponen a la sociedad de consumo y a sus implicancias. Se proponen y pregonan cambios en los valores de la sociedad para que la misma sea de cooperación en lugar de competencia. También promueven el reciclaje y las huertas propias. Su idea central en definitiva es no acumular abundancia y lograr el autosustento.

Algunas de las prácticas que quizás llaman más la atención del “resto” de la sociedad es el hecho de que utilizan limón en lugar de desodorante, se limpian los dientes con bicarbonato de sodio o arcilla en vez de con pasta dental, realizan la limpieza de sus hogares con  productos naturales caseros a base de limón, agua oxigenada, vinagre o bicarbonato de sodio, el medio de transporte principal que utilizan es la bicicleta y la adquieren en lugares como la Bici Cueva o Fabricicleta, donde uno puede armarse su propia bicicleta, lo mismo con las computadoras (Compufábrica).

Es decir que hay múltiples caminos para conseguir lo que se necesita sin contribuir directamente al sistema si no se está de acuerdo con él.  Las implicancias de este nuevo movimiento son numerosas  y positivas: retomar el poder,  revalorizar nuestro propio tiempo, eliminar intermediarios que acaparan la verdadera riqueza que las personas generan, proteger el medio ambiente mediante las huertas propias y el reciclaje, difundir nuevos valores sociales.

Así que detrás de esta filosofía hay un sinfín de cuestiones muy profundas que van más allá de no utilizar dinero o buscar comida en la basura. El freeganismo constituye la línea radical del veganismo y nos enseña que es posible encontrar otras formas de vivir y que cualquiera puede llevarlas a cabo. Solo sería cuestión de emplear bien nuestro tiempo y reflexionar.

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