El Gran Gatsby: pasado y presente de una historia única

Bruno Reichert

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Director: Baz Luhrmann.

Guión: Baz Luhrmann y Craig Pearce, adaptación de la novela de F. Scott Fitzgerald.

Con Leonardo Di Caprio, Carey Mulligan, Tobey Maguire, Joel Edgerton.

Hacerle honor a un libro de Scott Fitzgerald no es fácil. El Gran Gatsby es parte de una de las obras más importantes de la literatura norteamericana del siglo XX. Baz Luhrman quiso hacer su versión a lo grande. Tal vez no sepa hacer las cosas de otro modo. Así encaró Romeo + Julieta y el musical Moulin Rouge.

El libro de Fitzgerald fue llevado a la pantalla en 1974 por Jay Clayton con la adaptación del texto hecha por Francis Ford Coppola. Una versión lavada de la novela que tuvo como protagonistas a Robert Redford en el papel de Jay Gatsby, Mia Farrow como Daisy Buchanan y Sam Waterson como el testigo-narrador Nick Carraway.

El largometraje recién estrenado es una sucesión de colores, brillos, baile, impactante vestuario y locaciones que muestran un lujo despampanante. Si hay alguien que puede pintar cuadros de muchos colores ese es Luhrman. Pero las explosiones de baile y color son bastante más amables a los sentidos que en el caleidoscopio presentado en Moulin Rouge.

Sin embargo, en el film del mítico cabaret de Paris, la época era una excusa para presentar la historia y se podía reemplazar el can can por remixes de canciones pop. En Gatsby, el director –tal vez porque era imposible no hacerlo- decidió explicar que la historia se sitúa en los excesivos años veinte de fiestas interminables y alcohol de contrabando que terminarán en el crack del `29. Aquí es cuando la repetición de formula comienza a decaer. Los personajes no bailan versiones modernas de fox trot y charleston sino temas de 50 Cents. El medio camino elegido por el realizador no cierra.

Leonardo Di Caprio tiene mucho más éxito que Redford en darle el alma apasionada que necesita el maravilloso Gatsby. Un hombre que desdeña de su pasado pero que también es capaz de construir un imperio sólo para traer de vuelta la mejor parte de ese complicado ayer. Jay es encantador y al mismo tiempo se lo debe saber errado, caprichoso y algo obsesivo. Di Caprio lo logra desde la primera sonrisa.

En 1974 Mia Farrow interpretó a Daisy Buchanan, el eterno amor del protagonista. En esa versión Daisy es retratada como una mujer superficial que rompe en llanto más por recibir excesiva información que por  tener sentimientos encontrados. En la nueva cinta Carey Mulligan logra una mujer que, aunque tan superficial como el entorno que la rodea, realmente sufre de manera consiente debatirse entre la vida deseada y el incómodo pero útil presente familiar.

Luhrman transita la peligrosa cornisa que separa una buena historia de época de una kermesse musicalizada por Kaney West. Eso hace fallar al cineasta que no logra alcanzar en todo su esplendor al mundo fitzgeraldiano. Pero sin duda hay un mérito en hacer funcionar historia, coreografía y sentimientos como pocos lo logran.

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