La química de la memoria

Ania Hadjian

“Cuando nada más subsiste del pasado, después que la gente ha muerto, después que las cosas se han roto y desparramado, el perfume y el sabor de las cosas permanecen en equilibrio mucho tiempo, como almas resistiendo tenazmente, en pequeñas y casi impalpables gotas de su esencia, el inmenso edificio de la memoria”.  MARCEL PROUST

The-Perfumist

Hace ya mucho tiempo que el mundo exquisito de los aromas y su relación con la memoria me inspiran a querer saber más de ese universo tan sensorial como directamente ligado a las vivencias del pasado, a esos olores exactos y caprichosos de la infancia, de pasajes mentales cuyas imágenes muchas veces son menos precisas que la memoria de sus aromas impregnados ad eternum en el recuerdo. Esa familiaridad aromática, tantas veces inesperada, como un arrebato de recuerdo que nos permite conservar el pasado, lo ausente y actúa como un dulce y melancólico paliativo frente a lo irrecuperable.

Imposible enumerar y transcribir: esos olores, agradables o no, vienen intempestiva e inesperadamente a nosotros, casi accidentalmente para traernos espejos del pasado y redescubrirnos en el paso del tiempo y tentar, quizás ensayos para comprobar que nada se ha ido realmente de nosotros, que todo permanece, independientemente de su lejanía temporal y física. El olor a humedad y cemento del sótano de mi colegio, el aroma a café que escapaba del paquete los domingos, el olor a vainilla de una muñeca. La mezcla dulce y salada del bronceador junto a la sal marina en mi piel en las largas estancias en la playa todos los veranos.

Por supuesto, este ejercicio nostálgico del pasado bien puede ser tambien una forma de abrir nuestras barreras sensoriales y comenzar a prestar atención a otros tipos de olfato brindados al ser humano, pero apaciguados  por adaptaciones biológicas o por el “exceso de cultura”: a veces, se pasa por alto cuando algo no nos huele bien, un hecho, muchas veces una persona, un suceso próximo, una historia, etc.

En la cita elegida para comenzar el artículo, Proust se refería tanto al sabor como al olor  porque la mayor parte del sabor de los alimentos proviene de su aroma, que va flotando hacia arriba por las fosas nasales hasta alcanzar las células presentes en la nariz, y también llega a estas células, a través de un corredor que se encuentra en la parte trasera de la boca.

Las papilas gustativas sólo nos proporcionan cuatro sensaciones claras: dulce, salado, agrio y amargo. Los otros sabores provienen del olfato, y cuando la nariz es bloqueada por un resfriado, la mayoría de los alimentos nos resultan insípidos.

Tanto el olor como el sabor requieren que incorporemos-inhalando o tragando-las substancias químicas que realmente se unen a los receptores presentes en nuestras células sensoriales. En etapas tempranas en la evolución, los dos sentidos tuvieron el mismo precursor, un sentido químico común, que le posibilitó a las bacterias y a otro tipo de organismos unicelulares, localizar los alimentos o estar prevenidos de substancias perjudiciales.

Pero  más allá de tales cuestiones anatómicas, descubrí, tambien en mis andanzas intuitivas por el mundo de la perfumería la bella historia de la perfumista francesa Annick Goutal, quien creció entre los dulces aromas de la chocolatería que gerenciaba su padre, en Aix-en-Provence y tras ser llevada por el destino a estudiar a la ciudad de Grasse, cuna de las esencias aromáticas, creó su propia línea que se lanzó en un local del barrio parisino de Saint Germain des Prés. Corrían los ochenta, y Annick enfrascaría, con talento y gran refinamiento cada suceso de su vida, alegre o desdichado, que incluyeron desde amores fallidos y el cáncer que resultaría terminal, hasta aromas exclusivos para su hija Camille, quien tomaría pronto su lugar y hoy es la encagarda de continuar la labor heredada.

Todo lo relatado me inspira excesivamente y me empujó a abrir espacio en la revista a este apasionante mundo de las notas aromáticas, que no son más que un simulacro olfativo y poético del pasado, una bella e invisible forma de posesión.

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