Baldwin y Kennedy Toole: los escritores más malditos

Bruno Reichert

El inolvidable y díscolo Ignatius Reilly, protagonista de “La Conjura de los Necios “ marcó una estética litearia tragicómica y una postura existencial de espanto y odio contra la sociedad moderna.

 

“Soy alcohólico. Soy drogadicto. Soy homosexual. Soy un genio”, afirmaba sobre si mismo Truman Capote. El escritor de A Sangre Fría, fue uno de los escritores más rupturistas de la escena literaria del siglo veinte. Si su vida era una transgresión, lo mejor que se podía hacer era convertirlo en texto. Sin embargo no estuvo sólo: James Baldwin y John Kennedy Toole supieron describir escenarios con visión mordaz, ironía y una constante dosis de melancolía. Con menos brillo que Capote y tal vez con más fantasmas, supieron crear mundos tan difíciles como atrapantes.

John Kennedy Toole: letras perdidas

La tristeza lo devoró. Conectó una manguera del tubo de escape a la ventanilla apenas entreabierta de su auto. Dejó una nota de suicidio que los padres rompieron antes que nadie más pudiera leerla. Tenía sólo 32 años y una carrera como profesor universitario que detestaba cuando tomó la decisión ese día de marzo de 1969. Su madre, Thelma Ducoing, se convirtió en una molestia constante para el ambiente académico de Nueva Orleans al que persiguió para que sus miembros leyeran una novela que su hijo tituló La Conjura de Los Necios. Tal vez fue la mezcla de respeto y miedo el que llevó a un prestigioso filósofo y escritor llamado Walker Percy a aceptar el manuscrito. Lo leyó y lo encontró fascinante. El libro ganó un Pulitzer en 1980 y se convirtió en una revolución literaria en los Estados Unidos. La Conjura pintaba la segregación, el provincianismo y la hipocresía de los habitantes de la costa sur de los Estados Unidos a comienzos de los `60. Una mirada mordaz cargada de un humor tan bueno que duele.

Pero la historia del difunto John no terminó ahí. Entre los apuntes de su hijo, Thelma encontró un tesoro olvidado: A los 16 años John escribió una novela corta que luego repudió, La Biblia de Neón. Tal vez porque la adolescencia suele ser dura para los outsiders, Toole era irónico pero no buscaba hacer reír a nadie. El manuscrito perdido contaba el panorama de un pequeño pueblo del sur norteamericano donde la biblia del pastor protestante era ley y orden. El autor había puesto en la voz de un niño humilde la narración de esta pequeña pero gran historia.

En 1995, y luego de haber sido llevada años antes al teatro, se estrenó la película de la Conjura y una pregunta obvia volvió a resurgir: ¿Qué llevó al suicidio a un hombre tan talentoso?

John fue el hijo único de un matrimonio mayor que comenzaba a resignarse frente a la posibilidad de no tener descendencia. La madre se volcó totalmente a darle la mejor educación al tesoro de sus ojos. Pero esta sobreprotección anuló la personalidad del joven que jamás llego a ser una persona completa. No tuvo pareja, tampoco se supo a ciencia cierta cuáles era su orientación sexual, ni tuvo muchos amigos. Sin duda no fue feliz.

Sin embargo, John puedo reírse de sí mismo, de su madre y de todo su entorno gracias al irrisorio Ignatius Reilly, el conjurado principal de su grandiosa obra. Pero cuando nadie quiso saber de esos pintorescos personajes, creyó que nada le quedaba y partió sin saber lo grande que iba a llegar a ser.

James-Baldwin

James Baldwin: el que lo tenía todo por perder

Baldwin si llegó a ser entrevistado en televisión sobre sus obras. En los sesentas, un presentador norteamericano le dijo “Cuando comenzaste a escribir eras negro, gay y pobre. Debes haber dicho `Dios, cuántas desventajas más puedo conseguir´ ¿No?”. Con una gran sonrisa, Baldwin contestó: “No, creí que me había sacado la lotería, si iba a escribir tenía que usar esas desventajas y hacer algo”. Una respuesta que el célebre Capote seguramente le envidió.

James Baldwin nació en 1924 en New York, en el barrio de Harlem. Hijo de madre soltera que nunca le reveló el nombre de su padre biológico. Cuando tenía tres años, su madre se casó con un ministro de la iglesia Baptista. James no sólo tenía un padrastro sino que convivía con uno de los miembros más respetados de la comunidad. Pese a los maltratos, el joven Baldwin siguió los pasos del hombre que le dio su apellido y sirvió como joven ministro en la iglesia entre los 14 y los 16 años.

La experiencia se convirtió en Ve Dilo en la Montaña, una monumental obra semi autobiográfica publicada en 1953. El Harlem de la época es una tierra de miedo a la fe divina, mujeres de sexualidad prohibida e hijos ilegítimos a los que se le enseña a no alejarse del barrio para que entiendan que nada se puede esperar de los blancos. La comunidad lo era todo y, a la vez, nada para quienes no encajaban.

A medida que los años pasaron, el autor fue convirtiendo sus vivencias en historias y, a la vez, la sociedad se iba permitiendo leer esos temas. Aunque es fácil creer que fue más la pluma de estos escritores la que despertó a la comunidad del letargo y no está última la que maduró para aceptarla. En La Habitación de Giovanni, Baldwin ficcionaliza su desventuras con un muchacho judío que lo abandonó para casarse con una mujer. Se publicó en 1956. Faltaban 13 años para que los disturbios de Stonewall le dijeran al mundo que los gays estaban dispuestos a pelear por un mejor lugar en la sociedad.

James también se convirtió en un símbolo de la lucha por los derechos de las minorías raciales, protagonizando debates televisivos con figuras como Malcom X. Una desventaja más. Fue un símbolo de lucha demasiado grande para sólo ser recordado como un novelista, pero sin duda fue uno muy grande.

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