Pequeño elogio de los amores fracasados

Ania Hadjian

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I will if you will © Keita Morimoto 2009-13  keitamorimoto.com 

Puede ser un desengaño temprano o una desilusión tardía. Una promesa no cumplida o aventura con final infeliz. Promesas cumplidas que hastiaron. Aventuras con final feliz o historias cortas, infelices, largas, deshonestas o mansas. Quizás un desliz de alcohol o el tedio mismo de la vida. El que prefirió otra cintura y el que se robó la confianza. Tal vez un amigo. Tal vez la ilusión confusa o la desesperada búsqueda de la felicidad. Fue espera vana o esperanza vaciada. Quizás de rodillas o con la frente bien alta. Retorcido de dolor el amor o plácido de desinterés.

Romance fugaz, aburridamente prolongado. Amores zonzos o triviales. El hombre de mirada ruda o el romántico. El aprovechado, el sincero o el insistente. El torpe o el apasionado. Amores de esquina, de fiesta, de parque o de hotel. De convivencia, de complicidad o enemistad. De silencio, de bullicio o de mentiras. De frases hechas, inteligentes o de verdades que jamás se dirán. Devastadores, ingenuos o cómicos. Prohibidos, esperables o aconsejables. Colmados y completos. El que abandonó, el que espera y el que desespera. El que se espera y no llega. El que no esperó.

Siguen siempre allí, callados de tiempo y quietud. Insalvablemente pretéritos. Silenciosamente dignos; plenos de presencia. Con algo de suerte, calmados por la conveniencia de un amor reposado, pero hechos memoria e imposibilidad. Hechos, en su misma irrealidad, su absoluta posibilidad y su noble disposición.

Hechos un lado, en la memoria tímida, en su no realización, están allí y siguen ahí, siempre disponibles, permanecen sombríamente a su cese, abiertos siempre a su infinita realización. Amores del fracaso o el fracaso de los amores. Están en ese rincón, fieles, ante una caprichosa o azarosa apelación. Porque en el fondo sospechamos que se suele amar mejor desde el recuerdo.

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