El último retrato de Dorian Gray

Ramiro Devoto

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La semana pasada coincidí en la ciudad de San Carlos de Bariloche con una representación de Cibrián-Mahler de la novela de Oscar Wilde “El retrato de Dorian Gray”, en el marco de una gira por el interior.

            Cibrián retoma la fórmula que mayor resultado le ha dado -a diferencia de lo que ocurriera con su arriesgada aunque interesante incursión en el género de fantasía con “Excalibur”-, es decir nuevamente se inclina por el drama. Por caso, es este tipo de roles con ciertos puntos de contacto al de Drácula, los que le permiten explotar la presencia y la voz de Juan Rodó. No obstante, vale decir que su representación de Merlín, fue una apuesta más que interesante. Distinto e inclusive con un lenguaje corporal que por momentos, se asemejaba al Genio de la lámpara de Disney.

            La puesta en escena de Dorian Gray posee notables diferencias con sus anteriores versiones e incluso con la obra original de Wilde. Esto tiene su lógica, puesto que se trata de una adaptación y como tal responde a los tiempos de una obra musical. Se podría señalar que Cibrián se toma una licencia poética amplia. La estructura de la obra responde al ritmo que suele imprimirle Cibrián: se vale de un coro con personajes secundarios, que remite en cierto punto a la puesta en escena del “Jorobado de París” o casi a “Moulin Rouge” y le da realce a determinados personajes principales. Si bien logra captar sutilmente varios de los tópicos de la novela tales como el precio de los pecados, la corrupción de la inocencia, el culto a la belleza o simplemente la vanidad, hay que señalar que en su afán por respetar una estructura, termina modificando de un modo sustancial la historia, lo que se ve claramente  en el personaje de Sybil Vane.

            La representación es buena y definitivamente vale la pena verla, pero quizás no sea tan lograda como alguna de sus anteriores obras tales como “Drácula” o “Las mil y una noches”, ya que se nota una cierta reiteración a la hora de ejecutar la obra. Se repiten algunos trucos tanto en el  modo de enfocar la historia, como en el uso de las disonancias musicales, aunque evidentemente no deja de ser una fórmula exitosa. Por último, vale señalar tanto las performances de Rodó, como las Diego Rodríguez encarnando a Basil o Luna Pérez Lening a Sybil Vane.

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