Una refutación de lo real : Borges, el budismo y el vacío liberador

Ania Hadjian

00033_ 07 Buddhist monks tie fabric around tree trunks in the forrest, 2004.

@steve mc curry photography

Si hay una característica vital que ha atravesado a todas la culturas en todos los tiempos y geografías, ha sido la búsqueda de la felicidad. Esta necesidad dió lugar a través de la historia a diversas manifestaciones espirituales y religiosas como respuesta a dicho anhelo en común. El budismo es uno de los tantos caminos que  han bosquejado la salvación humana. Y bosquejar sería en este caso una definición adecuada, pues si bien la Doctrina filosófica budista es harto definida, esta religión confía y delega el camino espiritual en cada uno de nosotros, con plena confianza y necesidad de la autonomía personal como vía de liberación. Señala el camino, pero insta a buscarlo.

En algunas de las siempre reveladoras lecturas de Borges, quien confesó en reiteradas ocasiones su inclinación intuitiva al budismo, éste confiesa que durante una charla  mantenida con un amigo budista , lo interroga: “¿Por qué no creer en el príncipe Siddharta, que nació en Kapilovastu quinientos años antes de la era cristiana?” a lo que su amigo creyente le responde : “Porque no tiene ninguna importancia; lo importante es creer en la Doctrina”. Esta ausencia de interés o falta de relevancia en la existencia histórica de quien encarnaría al iluminado Buddha pareciera coincidir con la esencia más íntima de la filosofía budista acerca del vacío inherente a las cosas, de su carácter transitorio. Cuenta también Borges, que las prácticas realizadas por aspirantes monacales incluyen el ejercicio obligado y realizado a través de las meditaciones, de dudar de la veracidad del príncipe iluminado. Se impone así, la duda y no la credibilidad.

Pero ¿ que cuenta dicha leyenda del príncipe Siddharta, quien vendría a revelar al mundo la verdad ? Diversas tramas han ido desarrollándose y variándose debido a  la permeabilidad y a las indudables dosis de adaptación a las necesidades de su época que toda transmisión oral conlleva  ( Borges relata detalladamente esta transmutación legendaria en “Formas de una leyenda”, incluido en su Antología Personal ), pero todas coinciden a grandes rasgos, en que el Rey Suddhodana, de la estirpe del sol  y la Reina Maya darán a luz un hijo que tendrá dos destinos posibles: o bien reinará el mundo o hará girar la rueda de la doctrina y liberará a los hombres de la vida y de la muerte. Siddharta, el pre-Buddha vive recluido en su castillo durante veintinueve años en los cuales desconoce en forma absoluta los infortunios propios de la vida humana: vejez, enfermedad y muerte. Estos tres procesos naturales del ser humano son presentados a los ojos de Siddharta a través de sucesivas apariciones en las cuales el príncipe había abandonado su encierro.

En la cuarta aparición, Siddharta descubre un monje mendicante , que no desea ni vivir ni morir y que sin embargo la paz está en su rostro, Siddharta así encuentra su camino: halla el Nirvana meditando bajo un árbol, el estado de paz absoluta. Así convertido ahora en el gran Buddha revelará al mundo sus prédicas, iluminado y despertado del largo sueño que es el paréntesis de nuestras vidas. Entonces, el budismo es una ley de salvación, de despertar. En una conferencia sobre budismo, Borges recuerda a James Joyce con aquella frase donde sostiene que “ la historia es una pesadilla de la cual estamos intentando despertar”. Veamos el origen del término: proviene del sánscrito बुद्ध, buddha: ‘consciente’, ‘inteligente’, ‘despierto’, ‘iluminado’. Etimológicamente deriva del verbo budh: ‘despertar, prestar atención, darse cuenta, entender, recuperar la conciencia después de un desmayo’. El despertar es entonces, la salvación para el budismo: esta salvación significa NO COMPRENDER, pues eso es fácil sino SENTIR las cuatro nobles verdades y el óctuple camino. El sufrimiento, el origen del mismo, la curación y el medio para dicha curación son pues, esas cuatro nobles verdades.

Como el budismo enseña que el mundo es ilusorio, que vivimos en un sueño permanente, nuestro cese del sufirmiento llegará cuando despertemos de él. Esta salvación es el NIRVANA. El sueño, que no equivale a hablar de fantasía, viene a ser como la manifestación del karma ( un destino prefijado que hay que superar), cómo nos conducimos erróneamente por ignorancia, desde un ciclo sombrío de nuestra existencia, la cual hallará la vía salvadora únicamente cuando se encuentre fuera de la rueda de la reencarnación, esto es cuando los actos sólo arrojan luz por intermedio de una conducta ética. Así, el Sendero o Vía Media, son un camino entre el ascetismo y la sensualidad, ya que el budismo orienta la existencia hacia la liberación, pero únicamente habiendo conocido y agotado el mundo a través de los sentidos.

La disolución del yo y la apertura y conexión con el universo no puede más que traer una perspectiva liberadora, ya que la negación del yo y el vacío de las cosas le quita  al existir el drama de la dicha o la desdicha, pues ya nada ni nadie hay que la desee.

Tal vez para Borges la historia de un hombre, la historia universal hayan sido un sueño. Quizas el horror de lo histórico sólo pueda ser superado por el despertar de un príncipe nepalés, que el escritor leyó y releyó con admiración, ese Buddha que dudo de sí mismo como dudó del mundo y lo salvó.

 

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