Sobre la BAN: el festival de las letras negras

Bruno Reichert

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Buenos Aires Negra (BAN) es el festival de literatura policial que se lleva adelante desde el dos de hasta el diez de agosto en el Centro Cultural San Martín. Con idea y coordinación de Ernesto Mallo, en horario de 15 a 23 se puede asistir gratuitamente a charlas debates, muestras de cine, concursos y venta de libros.

La novela negra es un género argentino. No por nacimiento pero sí por adopción. Tal vez sea por una historia signada por la violencia social donde los actores son siempre grises.  El Phillip Marlowee de Chandler, personajes lacónicos y ácidos que nos fascinan, bien puede ser un transeúnte suburbano de Buenos Aires.

En BAN se juntan quienes se fascinan por esas historias sea desde las páginas policiales (con los testimonios de periodistas como Florencia Etcheves o Mauro Szeta) hasta la veintena de escritores viejos, jóvenes, clásicos e inclasificables.  Pero esta mezcla de gente no muestra que los criterios sobre el género sean muy distintos.  Es un encuentro para adeptos: aunque la organización dividió las charlas en ejes temáticos muy dispares, se vuelve a lo que el escritor más le gusta contar: la construcción del texto.

El sábado a las 17 horas Horacio Convertini, Daniel Sorín, Selva Almada, Marcos Pereyra y Javier Chiabrando se juntaron para hablar de literatura policial y sociedad. Sorín intenta hablar del Estado que reprime siempre a los más pobres y la policía como sostenedora de esa situación. Pero sé sabe. Los asistentes lo ven en el texto y se pasa directamente a la construcción de la historia en minúscula: el caso.  La charla propone una visión más minimalista: hay que alejarse de la sociología y contar una  vida y su relación con la muerte. Los escritores saben que atrás está ese Estado injusto pero lo importante es la mente tanto de víctimas como de victimarios.

El público quiere conocer cómo trabaja la pluma. Las preguntas dejan de ser tales cuando Chiabrando cuenta un caso que quiere ficcionalizar pero le cuesta saber cómo se relata un viaje en moto con una escopeta. El inconveniente es puramente técnico: ¿Dónde se pone la escopeta? ¿Se describe que eso hace al trayecto más incómodo? Si no es una escopeta de caza ¿Se puede llevar en bandolera? Los espectadores piden el micrófono, dejan de lado lo que tenían en mente y dan consejos.  Los escritores están entre amigos y lo permiten. Lo siguiente es lo obvio: chistes cordiales sobre quién va a ser el primero en descular cómo se detalla el viaje.

Mallo ayuda a que todo sea aun más de entre casa. Hace chistes y reta a los disertantes por no retirarse por el pasillo del medio de las butacas.  Entre charla y charla hay una lectura de textos (Selva Almada leyó una crónica de un libro sobre femicídios aun no publicado).  Los encuentros siguientes, se presume, van a ser igual de distendidos y entretenidos.

BAN es un festival que se disfruta fuera de todo formalismo y así está bien. Porque los protagonistas quieren contar historias que arrancan y terminan en la calle. Esa que transitamos todos nuestros días.

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