Cumple veinte años la bodega Fabre Montmayou

La bodega Fabre Montmayou cumple dos décadas

Fabre Montmayou la bodega que creó el malbec alta gama for export, produce el varietal en su finca de Luján de Cuyo sobre 53 hectáreas a 1.100 metros

montagne

Oscar Muñoz/ Infobae

Eran otros tiempos. Hace veinte años, el malbec no era todavía la carta de presentación de la vitivinicultura argentina en el mundo, de la que se sabía poco y nada. Para un nativo de Bordeaux como Hervé Joyaux Fabre, era incluso un producto escasamente valorable, que en su región de origen, la meca francesa de la actividad, es empleado usualmente como corte para elaborar vinos de baja calidad.

Cruzando la cordillera desde Chile, donde pensaba instalar su emprendimiento, Fabre descubrió que el malbec mendocino no se parecía en nada a su pariente transocéanico y apostó a producirlo con la idea de elaborar un varietal de alta gama.

“Teniendo buenos viñedos, es fácil de cultivar, y hay que poner mucha mala voluntad para que no brinde buenos resultados”, ironiza con humor y acento francés, que la prolongada residencia cuyana se ha encargado de acriollar. Aunque Fabre importó a su tierra de adopción el tradicional modelo del chateau francés, con vivienda y bodega rodeada de antiguos viñedos, en la propiedad que adquirió en Luján de Cuyo.

En ese terruño soñado nacen los vinos Fabre Montmayou, en sus líneas Gran Vin, sólo añadas excepcionales, Gran Reserva y Reserva y los Phebus, jóvenes y frutados dirigidos a un consumidor moderno.

La novedad del portfolio son los JH Fabre, bivarietales elaborados a partir de un 80% malbec con un porcentual restante de cabernet franc, petit verdot o merlot, con la idea de “ampliar la posibilidad del maridaje gastronómico, que está tan de moda”, ilustra de esta línea que se posiciona en góndola en el rango de los 90 pesos.

Inquieto, emprendedor, Fabre también puso su lupa en en el Alto Valle de Río Negro, donde la palabra “Patagonia” aun guarda un eco casi místico.

“No todo el mundo la ubica en el mapa –evalúa– Pero tiene la fuerza de evocar ecología y naturaleza en estado puro”.

En esa geografía, reciclando un viejo establecimiento vitivinícola como la primera bodega boutique de la región, Fabre levantó Infinitus, un claro tributo a la inmensidad circundante.

A la hora de marcar diferencias entre ambos terroirs, el responsable de sendos emprendimientos, revela la dificultad de las comparaciones.

“Son distintos, con carácter propio –razona con diplomacia– Diría que son menos afines a los llamados vinos del ‘nuevo mundo’, que son más propios de Mendoza, de una concentración natural aportada por el sol”.

Si de clientes se trata, no duda en afirmar que el mercado estadounidense es el que está más abierto a los productos argentinos, por una cuestión cultural y también de política aduanera.

“Imponen pocas restricciones, a diferencia de Europa, donde los bodegueros tienen peso político y lo hacen valer para conservar sus privilegios. Por otra parte, al ser un país productor, la culturas del vino ya está instalada, aunque con matices diferentes a los nuestros.”

¿Ventajas comparativas con productores emergentes como China, que ya tiene una superficie plantada superior a la Argentina? “El clima y el suelo que tenemos aquí no se pueden importar”, confía.
Con acento francés

Nacido en Bordeaux, descendiente de una familia con tradición bodeguera, se instaló hace 20 años con su mujer Diane en Mendoza. Los vinos Fabre Montmayou son distribuidos por Fratelli Branca, con presencia en todo el mundo.

Logo 20º Aniversario Bodegas Fabre Montmayou

Sala barricas

 

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