Encuentro Internacional de Literatura Fantástica

Ramiro Devoto

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Tal como se desprende del título entre el 9 y el 13 de mayo, interesante fecha para proponer el cierre por cierto, se llevó a cabo un encuentro de Literatura Fantástica y de Fantasy  en la Biblioteca Nacional. El mismo se desarrolló bajo la premisa de  “establecer vínculos con y entre especialistas en la materia, escritores del género de todo el mundo y su público”. Precisamente, tanto la Biblioteca Nacional, como la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires junto con la revista “Evaristo Cultural” sirvieron de nexo para unir a autores de la talla de Liliana Bodoc, autora de la Saga de Los Confines, o Márgara Averbach, voces jóvenes como Pablo Nieto, académicos como Miguel Vedda. Lucas Margarit, incluso invitados como el teórico Harry Belevan Mc Bride y un largo etcétera.

Se trató de un fluido diálogo entre el público, los autores, y el espacio de la crítica como también un interesante cruce de géneros: tanto el género fantástico, el fantasy, la ciencia ficción, el horror y varios ejes afines. En otras palabras es un punto de contacto entre diversas áreas y perspectivas sobre una materia porosa que si se quiere atraviesa múltiples lenguajes, pero por supuesto lo más interesante es la visibilidad que dichos géneros están logrando con respecto a hace unos años atrás. Lo remarcaba Liliana Bodoc desde su experiencia personal al señalar que ella misma se escudaba afirmando que su obra era una metáfora de la conquista de América, un símil lógico pero que ocultaba parte del brillo de su obra, pero también es claramente visible en la multiplicidad de voces jóvenes que se están apropiando de dicho género y de un modo personal.

Quizás lo más interesante de toda esta operación es la muestra clara de cómo estos géneros se están asentando con formas propias tanto desde un punto de vista académico, como en términos de autores locales y con sus tonos. Se trata de un sano esfuerzo por poner en juego una discusión que se venía vislumbrando años atrás en diversos modos y ecos, pero este tipo de concilios, valga la licencia poética, presupone la confirmación de determinados géneros de un modo casi tangible. Ya no son meros ecos sino que se puede ir avizorando una cierta preocupación, cada vez más palpable, por parte del circuito literario, integrando a sus diversos componentes de diversas maneras. Y es un gesto que no puede ser más que bienvenido.

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